La naranja mecánica: un clásico del cine en versión teatral

Juan Carlos Fontana
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8 de febrero de 2019  

Autor: Anthony Burgess, en versión de Manuel González Gil, traducción: Pablo Rey / Dirección: Manuel González Gil / Intérpretes: Franco Masini, Toto Kirzner, Enrique Dumont, Lionel Arostegui, Stella Maris Faggiano, Francisco González Gil, Fran Ruiz Barlett y Tomás Wicz / Escenografía: Lula Rojo / Vestuario: Pablo Battaglia / Dirección musical: Martín Bianchedi / Iluminación: Caio Senicato y Manuel González Gil / Sala: El método Kairós, El Salvador 4530 / Funciones: viernes y domingos, a las 21; sábados 21 y 23 / Duración: 90 minutos / Nuestra opinión: regular

El director de Entretelones, 39 escalones, Los mosqueteros y Hoy, el diario de Adán y Eva, Manuel González Gil, adaptó para el escenario –es la primera vez que se hace en Buenos Aires– la novela que Anthony Burgess publicó en 1962 y Stanley Kubrick convirtió en un film de culto en los años 70.

El texto, inspirado en un terrible hecho de violencia vivido por la mujer del autor, es una parábola sobre el engaño, en la que el Estado se erige como un benefactor que cuida a los individuos y los redime mediante la aplicación de un tratamiento inductivo que les quita la posibilidad de discernir y el libre albedrío. En su versión, González Gil subraya cómo los distintos representantes que conforman una sociedad –el gobierno, la iglesia, los políticos y hasta los científicos– a través de sus decisiones y metodologías pueden transformar al ser humano en una criatura al mejor estilo Frankenstein.

Si bien su lectura es interesante, en la primera parte de la pieza, las situaciones de violencia que exige el texto resultan asombrosamente estáticas, con marcaciones que crean indecisiones en los desplazamientos. La propuesta crece en la segunda parte, cuando en un clima de asamblea se reúnen el capellán, el alcalde, los médicos y el protagonista.

Intentar imitar escenas del film en lugar de recrearlas, sumado a una música que por instantes opaca las voces, más una iluminación que otorga escaso valor a las situaciones, da como resultado una propuesta también despareja en actuaciones. Se destacan las interpretaciones de Franco Masini , acertado en ese tono cadencioso y distante en su hablar, cuya interpretación crece en el tramo final. Toto Kirzner , de voz clara y precisa, define con personalidad al médico que defiende su método de "tortura" y Francisco González Gil, le otorga atractivos matices y cierta perversión a ese celoso cuidador del temible Alex.

De La naranja mecánica se han realizado innumerables versiones para teatro, incluso su autor, exigido ante los reclamos, adaptó su novela. Ópera, drama, musical y coreografías han sido seducidos por el personaje de ese joven rebelde representante de la contracultura, que hasta sedujo a Quentin Tarantino. Desde la Royal Shakespeare Company hasta una versión del año pasado por un grupo de Liverpool han sentido la tentación de llevar al escenario el texto del británico Anthony Burgess (1917-1993).

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