
La primera representante de La Celestina
Acaba de reponerse, en el San Martín, la eficaz versión reducida de La Celestina , escrita y dirigida por Daniel Suárez Marzal, con Elena Tasisto como protagonista. ¿Cuándo se representó por primera vez en Buenos Aires la obra maestra de Fernando de Rojas? El conocido crítico de música y espectáculos, Eduardo Arnosi, nos informa que fue en 1950 -Año del Libertador General San Martín-, en el Teatro del Pueblo y en versión propia, dirigida por Léonidas Barletta.
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"Tengo entendido -dice Arnosi- que doña María Guerrero interpretó en Buenos Aires fragmentos de la obra, a fines del siglo XIX o comienzos del XX, pero, que yo sepa, nunca se la ofreció completa hasta mi versión." Parece ser que hasta entonces tampoco se la había representado íntegra; ni siquiera en España. El único antecedente recordado por Arnosi se remonta a 1942, en el teatro parisiense de la Renaissance, en adaptación de Marcel Achard. Lo que no recuerda es quién fue la protagonista. El firmante de esta columna intuye dos probabilidades: Germaine Montero, especialista en teatro español (en traducción francesa), que estrenó en París Bodas de sangre , o la grande Marguerite Jamois.
Precisamente, fue al comentar esta circunstancia, allá por 1946, con uno de sus profesores en Filosofía y Letras, Amado Alonso, que el joven Eduardo Arnosi recibió de éste la sugerencia: "¿Por qué no la adapta usted?". Así lo hizo, y comenzó a peregrinar de teatro en teatro, buscando una aceptación que le fue esquiva hasta que, cuatro años después, Barletta le dio el sí.
Las objeciones, las reticencias y las dificultades de puesta se entienden a la luz de las particularidades de esta obra singular, única. Su extensión es caudalosa: dieciséis actos en la versión considerada original, de 1499, titulada Comedia de Calisto y Melibea , que en 1501 reaparece, como Tragicomedia de Calisto y Melibea , en veintiún actos. Hoy se admite finalmente que su autor fue el denominado "bachiller" Fernando de Rojas, un personaje esquivo, muerto en 1541, que ejerció la abogacía y cargos públicos en Talavera, cerca de Toledo. Al editar su obra, manifiesta haber encontrado por casualidad el primer acto, de autor anónimo, y completado el resto en quince días. A esta incógnita se agrega la audacia del tema y el clima vigorosamente erótico, si se piensa en los rancios prejuicios españoles sobre el sexo, motor esencial de la obra. Aunque esos prejuicios hayan convivido siempre con un verde lenguaje -el famoso "llamar a las cosas por su nombre" español-, que Fernando de Rojas refleja con entusiasmo y certero efecto dramático. La mayoría de los eruditos considera que se trata en realidad de una novela, dramatizada con el objeto de ser leída frente a un auditorio por un lector que daría diversa voz a los personajes, y no destinada a la representación escénica.
"No tuve más remedio -acota Arnosi- que pulir ese lenguaje y suprimir las mal llamadas malas palabras, según nuestras convenciones de la época del estreno." El mismo diseñó la escenografía y el vestuario. El programa de mano informa que fueron cuatro actos divididos en quince escenas. Elenco, el habitual del Teatro del Pueblo: Celia Eresky interpretó a Celestina, y actuaron también Rosa Eresky, Josefa Goldar y Remo Asta, a juicio de Arnosi el mejor actor, en el papel de Sempronio, uno de los desleales criados de Calisto, suprimido en la versión actual de Suárez Marzal, que condensa el elenco en tres personajes, la pareja de enamorados y la vieja alcahueta. Esta última es una de las criaturas más fascinantes de la dramaturgia mundial, con su aguda inteligencia, no cultivada pero lúcida al extremo, su cinismo y su auténtica fe en la vigencia del mal en el mundo, aunque al morir teme al fuego infernal.





