Las encadenadas: comedia y recuerdos sobre la inundación de Epecuén

Fuente: LA NACION
Jazmín Carbonell
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16 de noviembre de 2018  

Dramaturgia y dirección: Juan Mako / Intérpretes: Mónica Driollet, Cecile Caillón, Claudio Depirro, Diego Torben / Escenografía: Sol Soto / Sala: Abasto Social Club / Funciones: viernes, a las 21 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena

Epecuén, una villa turística a 600 kilómetros de Buenos Aires que tuvo su esplendor en los años 70 porque las aguas de su lago eran consideradas casi tan buenas como las del Mar Muerto, encontró su final trágico un día de 1985 cuando quedó completamente bajo el agua. Hoteles, calles, recuerdos y, también, el cementerio primero inundados, luego, con el correr de los años y a raíz de la retirada de las aguas, emergieron como ruinas de un pasado radiante que ya no es. Esta historia salvaje y trágica porque el pueblo entero tuvo que evacuarse y los daños son incontables, es retomada por el director y dramaturgo Juan Mako para narrar este cuento.

Un sórdido clima de trabajo es lo primero que deja verse cuando las luces le dan paso al cuento escénico. Unos bizcochos, un mate, una mesa de trabajo y dos mujeres, compañeras, colegas y amigas de toda la vida. Allí se encuentran, en su oscuro lugar de trabajo: el cementerio, específicamente el crematorio. Esta historia se ocupa de iluminar a aquellos oficios de los que poco se dice. Y acá están: Esther y Graciela ocupándose de la muerte o, mejor dicho, de lo que queda de ella. Atrás del escritorio se ve el resplandor del fuego, Esther (la potente Cecile Caillón) es la encargada del horno. Graciela, de almacenar los datos pero también de colar y filtrar la ceniza. Si algo está de manifiesto es que juntas hacen un gran equipo, están anestesiadas y son tan eficientes que por momentos su destreza hace olvidar que se trata de cuerpos carbonizados. Y ese clima de alienación laboral está muy bien creado por el director y por la música que crea este ambiente lúgubre con cierto halo misterioso.

En medio de la jornada laboral suena el teléfono. Es el jefe que solo quiere hablar con Esther. Ambos comparten el haber vivido la inundación de Epecuén, tienen recuerdos vívidos, echan culpas a pueblos vecinos pero sobre todo no pueden dejar ese pasado atrás. Convencido de esta complicidad acude a ella para que lo ayude en su fatal problema. Los hechos se complicarán más y más.

El texto pivotea entre la comedia y la parodia, sobre todo en la construcción de las dos mujeres, y el thriller y el suspenso. Ayudados por una precisa escenografía y un diseño lumínico que aporta climas y misterio, Las encadenadas se convierte en una buena propuesta que por momentos se acerca al documental pero luego ficcionaliza los hechos por completo.

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