
Las penurias del amor
Ficha técnica: ME DUELE UNA MUJER / Escrita y dirigida por: Manuel González Gil / Elenco: Adrián Batista, Fernanda González Caride, Luis Longhi, Omar Kuhn, Francisco Gonzáles Gil y Anahí Gadda / Música original: Martín Bianchedi / Escenografía y vestuario: Pepe Uría / Funciones: Viernes 20.30 y sábados 22.30 / Sala: El Tinglado, Mario Bravo 948 / Duración: 75 minutos.
Nuestra opinión: buena.
Las obsesiones que provocan en los seres humanos las frustraciones amorosas son tan universales que es difícil encontrar personas que no las hayan sufrido alguna vez. Por lo menos en alguna de sus distintas variantes. Pueden llegar a ser trágicas, pero la mayor parte de las veces se superan y pasado un período se las puede ver con más tranquilidad y hasta con humor. Pero en el momento que ocurren sus protagonistas creen a menudo que su mundo interior se derrumba. Literalmente.
El humor es el camino que toma el autor y director Manuel González Gil para abordar esta comedia que habla de las penurias que sufre un profesor de filosofía, Miguel, cuando se entera de que su novia, Paula, ha decidido dejarlo. Su primera decisión es acudir a una psicoanalista para ver cómo puede enfrentar el problema. En realidad, lo que él quiere es recuperar el amor de la joven y la profesional le da pocas esperanzas de que lo logre. Más bien lo llama a asumir la verdad y el sufrimiento consiguiente.
En las conversaciones con Mario y Martín -dos amigos que, en rigor, representan aspectos distintos de la propia conciencia de Miguel, en charla permanente con él, sus argumentos tampoco convencen y quedan expuestos como lo que son: vanos intentos de reconstituir su vida con Paula. Toda la trama de la obra es ese vía crucis de avances y retrocesos en busca de cómo desasirse de ese vínculo afectivo cuya pérdida tanto dolor provoca. Lo que ocurre es que González Gil escribe sobre ese duelo mostrando sus costados más risibles. No es que se burla de él, pero le resta solemnidad.
Los personajes sobre los que mejor se apoya esa estrategia son la psicoanalista, cuya ríspida franqueza produce réditos teatrales muy efectivos por su comicidad, pero que en una terapia real daría escalofríos, y los de esos dos alter ego de Miguel, a cuyo cargo están las salidas más graciosas del texto. Las actuaciones son muy logradas: tanto la de Adrián Batista como protagonista o las de Luis Longhi y Omar Kuhn en sus "amigos", como la de Fernanda González Caride, que se luce mucho encarnando con máscaras variadas a Paula, la psicoanalista y a otras mujeres.
La puesta se completa con una parejita de enamorados se encuentran de a ratos en el escenario, se prodigan arrumacos y bailan, que aportan clima al tema central. La escenografía se resuelve con recursos sencillos y funcionales: dos mesas con sillas para las citas en bares, tres asientos más mullidos para Miguel y sus dos laderos en la sala de espera del consultorio y un sillón para la terapeuta, todo sobre un fondo de cortina negra y con una buena iluminación. Lo menos feliz del espectáculo son las canciones que interpreta Adrián Batista, que por momentos producen sensación de abundancia innecesaria.
1
2Matteo Bocelli: cómo prepara su debut en la Argentina, por qué canta en español y el consejo de su padre famoso
3MasterChef Celebrity: el comentario y el gesto que confirman un viejo rumor sobre Ian Lucas y el Chino Leunis
410 recordadas películas que cumplen 20 años: entre fantasía, acción, espías y polémicas



