
Leónidas Barletta, demandado
La noticia causó más de una sonrisa entre los teatristas independientes
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Una cédula de notificación del Fuero Contencioso Administrativo y Tributario del Poder Judicial de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ha provocado más de una sonrisa entre los teatristas independientes porteños. Es que el organismo reclama el pago de una deuda al mismísimo Leónidas Barletta y al Teatro de la Campana (teatro independiente). Si tenemos en cuenta que Barletta murió el 15 marzo de 1975 y la sala propiamente dicha cerró sus puertas en 1994, parecería que algo no está bien en el orden burocrático de ese juzgado.
La historia teatral tiene algunos ejemplos que llegan un poco desordenados a la cabeza de este cronista, pero que dan cuenta de cuestiones similares. El teatrista Augusto Boal suele contar una anécdota de cuando hacía teatro en Brasil, en tiempos de la dictadura. Con su grupo montó Antígona, que causó cierto revuelo. Un juez instó a levantar la representación y convocó ante su presencia al mismísimo autor: Sófocles. A mediados de la década del 90, en Rafaela, Santa Fe, el elenco Punto T presentaba Lisístrata, de Aristófanes, y ante una demanda presentada por espectadores que se sintieron afectados por la representación, también allí un juez intimó al elenco y pidió que compareciera ante él Arístófanes.
Ahora es otro clásico, contemporáneo, claro, quien es demandado: Leónidas Barletta, el propulsor del teatro independiente en la Argentina.
La paradoja
Uno de los hombres que más lucharon quizá por defender las banderas del independentismo, el mismo esquema de producción que al gobierno de la ciudad de Buenos Aires le cuesta sostener. Porque en un momento en que un decreto de necesidad y urgencia del mismo gobierno permite a las salas funcionar con normalidad, asoma una paradoja. Desde el área de habilitaciones del mismo gobierno, los espacios son acosados por inspectores que labran actas por presuntas deficiencias y hay, en este momento, cerca de 20 salas afectadas, con demandas que resultan muy difíciles de cumplir.
Pero parece que para que el conflicto termine se hace necesario juzgar a la misma historia: a Leónidas Barletta. ¡Qué difícil será el caso! ¡Y cuánto más si se tiene en cuenta que el Teatro de la Campana fue comprado por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos en 1995, que cedió en comodato a la Fundación Somigliana el espacio para que se encargara de programarlo teatralmente! Desde entonces, el lugar lleva el nombre de Teatro del Pueblo.
Algunos creen que, en verdad, el espíritu de Barletta bajó a la Tierra para seguir dando pelea. Habrá que ver qué sucede. Los memoriosos cuentan que el creador, antes de las funciones, salía a la vereda y hacía sonar una campana. Era su manera de convocar al público. Tal vez los teatristas independientes estén pensando en organizar un "campanazo" para alertar al gobierno local sobre cierto desorden burocrático en sus organismos. Y, sobre todo, cierta falta de registro cultural histórico.
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