
Lorca, de la mano de La Comedia Cordobesa
Se presenta El público, en el Teatro Nacional Cervantes
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Próxima a cumplir 50 años de actividad -se creó en 1959-, la Comedia Cordobesa llega a Buenos Aires para participar del ciclo Teatro del País, que se llevará a cabo en el Teatro Nacional Cervantes. El encuentro reúne 18 elencos de distintas provincias (tres de ellos, dirigidos por realizadores porteños: Rodolfo Bebán, Daniel Suárez Marzal y Román Caracciolo).
La compañía cordobesa se presenta con una de las últimas obras de Federico García Lorca, muy poco divulgada entre nosotros: El público . Una pieza extraña dentro de la producción lorquiana, escrita en 1930 en un viaje que el autor realizó por Nueva York y La Habana y que, modificó sustancialmente su producción poética. El público permaneció oculta hasta mediados de la década de 1970.
Está dirigida por uno de los creadores jóvenes más destacados teatro alternativo de Córdoba: Luciano Delprato. El germen de este proyecto busca un acercamiento entre el elenco oficial y esa creación que en los bordes se viene imponiendo con fuerza. "La elección del material está ligada a la colisión que va a generar con la institución que lo va a albergar -explica Luciano Delprato cuando se le pregunta sobre la elección de este texto-. S iempre me gustó, pero no me interesaba montarla en el teatro alternativo. En ese contexto, el material «atrasaba» y se vaciaba de sentido. La obra discute todo el tiempo con un tipo de teatro que es el que usualmente se pone en escena en los espacios oficiales que son los espacios donde el Estado dice: «Esto es teatro», algo que esta obra pretende impugnar."
-En tu puesta se destaca un trabajo plástico muy fuerte...
- Llegué a la dirección a través de las artes plásticas, por una combinación entre la fascinación por la creación artística y cierta decepción del rol solitario y de aislamiento social que, generalmente, está asociado con la figura del pintor o el literato, tipos que se tienen que encerrar solos para crear, que se terminan muriendo solos, a espaldas del mundo al que en realidad le están hablando. Veía que el teatro estaba ligado a la praxis vital de una manera única, y que implicaba naufragar en el otro para poder inventar algo. Así que, sin abandonar el trabajo plástico, porque el teatro es también, entre muchísimas cosas, un arte visual, me empecé a dedicar a la dirección, que es el trabajo de articulación por excelencia. El director es una especie de celestina que va tratando de propiciar los encuentros y los cruces, hasta borrar toda marca de autoralidad, de individualismo, inventando mundos donde los actores y los espectadores puedan vivir juntos, aunque sea por 90 minutos...
-¿Cómo ha sido este paso del ámbito alternativo al oficial?
-Me interesa la movilidad, la circulación; poder moverme en diferentes ámbitos, porque eso te multiplica también como creador, mejora el servicio que podés ofrecer a la comunidad.





