
Los títeres tocan la flauta mágica
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"La flauta mágica." Espectáculo de títeres basado en la ópera de Wolfgang Amadeus Mozart, sobre un libreto de Emanuel Shikaneder. Adaptación de Gabriela Marges. Intérpretes: Pavel Kyslychko, Gabriela Marges y Andrés Muñiz; voces de Román Lamas y Florencia San Pedro. Escenografía, vestuario y realización de títeres de Pavel Kyslychko; realización de vestuario de los muñecos de Andrea Sosa. Dirección general de Gabriela Marges. Teatro Nacional Cervantes, salón Dorado, Libertad 815, en vacaciones, de miércoles a domingos. Entrada $ 6.
Nuestra opinión: bueno
Invitar al público infantil a una experiencia tan compleja como es la ópera es, sin duda, un desafío importante que, en este caso, recurre a la ayuda de especiales mediadores: los títeres.
Sin modificar ningún elemento básico del argumento, manteniendo todo lo que tiene de intrincado y desconcertante, el espectáculo recorre los distintos momentos de esta historia; se articulan escenas en las que los muñecos dialogan sin acompañamiento musical (del mismo modo que ocurre en la ópera) con pasajes en los que permanecen en la escena mientras cobra protagonismo la inefable partitura de Mozart.
Los títeres, trabajados con la técnica de mesa, son expresivos y delicados; ellos son quienes hacen una importante conexión con la platea, porque son bellos, tienen mucha presencia. No se duda en ningún momento que son los protagonistas y soportan airosos, en la mayoría de los casos, el hecho de su poca movilidad porque, al estilo de los cantantes de una ópera, se detienen en la acción para dar lugar a la música. Los efectos lumínicos y la escenografía trasmiten ese clima irreal, de fantasía, casi onírico de la ópera de Mozart, y el uso de la luz negra logra momentos de gran belleza visual y sugestión. Un detalle interesante que aporta a la unidad estética de la pieza es la utilización de réplicas de viejas partituras que cuelgan alrededor del retablo. El protagonismo de la música encuentra así un acceso visual.
Conjunción difícil
Se ven, sin embargo, algunas desprolijidades en la puesta, vinculadas tal vez con desajustes de la manipulación o con algunas irresoluciones de la interpretación.
Innegablemente, hay un placer especial en disfrutar de una buena versión musical (o fragmentos de buenas versiones) de "La flauta mágica". Escuchar a la Reina de la Noche logrando los imposibles agudos con total maestría es ya de por sí un regalo. (Aquí es necesario señalar que la música les llega de tal manera a los chicos -y a los adultos- que salen entonando esas notas.)
Pero también es cierto que, cuando uno se sienta en un teatro, quisiera entender de qué se trata la historia que está viendo. En este caso, los títeres tienen mucha dificultad en contarla, pese a que trabajan bien, porque, como ya se sabe, esta historia es una extraña superposición de conflictos y, también como es sabido, en la ópera los personajes no se mueven demasiado porque cantan.
En esta versión, los muñecos se detienen para que la música se escuche, o dicen brevemente lo que se está cantando. Este método elegido no siempre funciona bien, altera el ritmo y le quita juego y picardía al trabajo de los títeres. Les falta movimiento, vuelo, transgresiones, cosas en las que son especialistas y que podrían agregar un cierto corte paródico sin ser irrespetuosos. Eso se ha logrado precisamente en el caso, muy acertado, de la personificación del malvado Monostatos por uno de los titiriteros, donde aparece el humor. Papageno es, como en la ópera, el otro aporte a la sonrisa y la risa, aunque tal vez no se hayan aprovechado suficientemente las características del personaje para darle más vuelo escénico, especialmente porque sus momentos en la partitura son deliciosos y muy alegres.
Aunque no se salva de su solemnidad, esta versión de "La flauta mágica" para los niños -y los grandes- permite un encuentro cercano con una partitura maravillosa, dentro de un marco visual bello y fascinante armado por los títeres. Créase o no, se pudo observar en la platea que los niños de todas las edades, aun los más pequeños, siguen fascinados todas las secuencias -sin duda se irán con muchas preguntas y no serán los únicos- y hasta recuerdan trozos de algunas melodías: Papageno y la Reina de la Noche, los favoritos.
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