
"Macbeth": didáctico, pero sin carnadura
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"Macbeth (o el poder por el poder)", de Shakespeare. Adaptación de Carlos Somigliana. Versión libre y dirección general: Rubén Santagada. Intérpretes: Domingo Guitart, Sebastián Femenia, Juan Carlos Capasso, Claudio Marcos Rojas, Analía Sánchez, José María Túñez, Joaquín Facchini, Alejandro Britos, Ana María Binora, Jorge Luis Scaramal. Música: Marcio Santagada. Ambientación y vestuario: Alberto Bellatti. Teatro de la Fábula, Agüero 444. Sábados a las 21.30.
Nuestra opinión: regular
Los personajes clásicos parecerían interesar, y mucho, a los creadores de la escena porteña en esta temporada. Una nueva versión del "Macbeth", de Shakespeare, se representa en el Teatro de la Fábula. En esta oportunidad se trata de la versión de Carlos Somigliana, que a la vez resiste una nueva versión, la de Rubén Santagada, director del espectáculo.
En el pequeño espacio de la sala de Agüero al 400, un grupo de actores da vida al mundo concebido por Shakespeare en el 1600. La versión apunta sobre todo a mostrar en primer lugar a un protagonista demasiado acosado por un mundo político complejo que lo conduce a una devastación más que elocuente. Macbeth se enfrenta continuamente a su conciencia y es ella la que anticipa su accionar y también su decadencia. Aquí no son las características brujas shakespearianas las que refieren los acontecimientos que irán sucediéndose, sino un propio interior, individual y de fuertes connotaciones psicologistas; un otro yo que está controlando y tratando de poner freno a tanta masacre.
El espectáculo se apoya en un fuerte didactismo ya desde el comienzo. Una voz en off introduce a los personajes y da la pauta de que lo que se verá será una experiencia singular de la cual, al mejor estilo del teatro político, habrá que sacar una moral.
Si bien la acción se va desarrollando a un ritmo preciso y con total claridad, puede objetarse que a nivel actoral los intérpretes optan más por mostrar a sus personajes que por encarnarlos con cierta pasión. Dicen bien sus textos, juegan las situaciones con armonía, pero la intensidad del drama de Macbeth no trasciende. Sólo construyen una historia para ser observada y finalmente comprendida en sus rasgos más generales.
La experiencia aún así tiene su valor desde lo didáctico, aunque el sentido de Macbeth sea mucho más provocador y parecería no ser precisamente el que le interesa a este grupo.






