Madame tango: music hall de lujo que honra a la mujer
Libro y dirección: Andrea Ghidone / Bailarines y cantantes: A. Ghidone, Leandro Gómez, Alejandra Perlusky, Esteban Riera y otros / Músicos: Leonel Gasso, Pablo Valle, Facundo Benavídez y Elizabeth Christine / Coreografía: L. Gómez / Escenografía: Adriana Maestri y Luciana Fornasari / Vestuario: Calambra Hock / Luces: Juan García / Producción artística: Matías Fadiga / Sala: Lola Membrives (Corrientes 1280) / Funciones: viernes y sábados, a las 19.30 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena
La bailarina, actriz y vedette uruguaya Andrea Ghidone dice que se enamoró del tango como de ningún hombre y a ese amor total le dedica el espectáculo que dirige y protagoniza en la calle Corrientes. Época de mujeres empoderadas, en lugar del tradicional Señor Tango, presenta su Madame Tango, con un especial homenaje a esas guapas que se animaron a bailar la danza cuando no era apta para señoritas. Ese prostíbulo de los años veinte, salón lujoso en rojo sangre y terciopelos, es el que evoca la escenografía. A un costado, el camarín de la primera figura, Ghidone, y al otro, cuatro destacables músicos en piano, violín, contrabajo y bandoneón.
Madame Tango es un music hall de lujo, sin las extravagancias de los espectáculos para turistas. Hay brillo, un vestuario sensual y elegante y mucha precisión en una hora apretada y generosa de canciones, temas orquestales y coreografías. No hay una historia, sino una sucesión de números realizados por dos parejas de bailarines (Ghidone y el coreógrafo Leandro Gómez, Nayhara Zeugtrager y Ricardo Astrada) y tres cantantes: Inés Cuello, Esteban Riera y la experimentada actriz de musicales Alejandra Perlusky, que hace la diferencia por el plus de su interpretación dramática; canta "Rebeldía" y "Moriré en Buenos Aires", casi un riesgo en un show redondo, pero con un repertorio transitado. La directora se muestra como una bailarina de gran presencia escénica que sabe lo que quiere al frente de su espectáculo. Un detalle: cuando le habla al público tiende a declamar, un énfasis tanguero que le roba intimidad a su "confesión". No importa mucho porque se trata de un espectáculo de relojería, con todo lo que hay que tener en la duración justa.
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