
Mayumana: fiesta de luz, sonido y color
Agregó siete funciones en el Gran Rex
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Y más percusión para el público porteño. En esta oportunidad, se trata del grupo israelí Mayumana, que se presentó el año último en nuestra ciudad. Aparentemente, Mayumana volvió porque se quedó con ganas de seguir recibiendo aplausos de los espectadores locales y, por otro lado, parece ser que algunos porteños quisieron vivir o revivir la experiencia de participar en un show de luz, sonido y color.
Es cierto que la mayor parte de su rutina contempla el uso de la percusión, pero también agregan algunos componentes que hacen más atractiva la propuesta. Uno de ellos es la música; otros, la danza, la acrobacia y los climas que se logran con la iluminación.
Con diez intérpretes en escena -cinco chicas y cinco muchachos-, dan inicio al espectáculo con un sketch donde aparecen sentados a la mesa y empiezan la rutina con movimientos de cabeza y golpes en la mesa, en una muy prolija muestra de sincronización. Ya desde este principio dejan en claro que el humor estará presente.
Y a este ingrediente, se suman otros. Fieles al origen del grupo, la percusión es un factor predominante, pero la destreza radica en sostener el ritmo, con tachos de plástico, golpeando el propio y el del compañero, dibujando una coreografía sonora con total precisión. Otros aciertos son los contenedores de basura que percuten con baquetas, mientras con la otra mano abren las tapas, de donde emerge una luz interior.
Y continúa la rutina con los sonidos que producen con la boca, que se acoplan con perfección a un soporte armónico; el uso de un sikus gigantesco, mientras con tubos de diferentes tamaños van armando una melodía; el uso de pelotas y patas de rana de colores, iluminadas en la oscuridad con una luz negra.
No faltan canciones, un aria de "Madama Butterfly", de Puccini, la acrobacia y la danza. Pero sin lugar a duda, por lo original, se destaca el número del recipiente con agua, del cual extraen sonido con un frasco de vidrio.
El público respondió con entusiasmo y algarabía, y tuvo su regalo cuando al finalizar el espectáculo anunciaron que el grupo ofrecería una batucada en el hall del Gran Rex, fiesta que luego se trasladó a la avenida Corrientes y finalizó en el Obelisco, donde los intérpretes se instalaron con los grandes tachos y convocaron, con su sonido, a todos los desprevenidos transeúntes.
Más allá de las funciones previstas, Mayumana tuvo que agregar siete funciones más para cumplir con las expectativas de un show del que disfrutaron tanto los adultos como los chicos.



