
Metáfora psicológica realizada con títeres
"Mis cosas favoritas" ("My Favorite Things"), de Marie Vayssière y Javier Swedzky. Dirección y adaptación de textos: Marie Vayssière. Interpretación y concepción de objetos: Javier Swedzky. Iluminación: Alejandro Le Roux. Escenografía: Roberto Garita-Onandia. Vestuario: Chiche Scigliano y Christiane Demeyer. Marionetas y objetos: Silvina Vega, Esteban Fernández, Alfredo Iriarte, Roberto Garita- Onandía y Javier Swedzky. En el Centro Cultural Recoleta. Duración: 50 minutos.
El escritor Guy de Maupassant murió muy enfermo y rozando la demencia. Su "Carta de un loco" y "Horla" eran textos perfectos para sumergirse en el universo de la locura y del inconsciente. Los autores Marie Vayssière y Javier Swedzky se sintieron atraídos por este universo así como por el de la memoria para crear "Mis cosas favoritas", una obra experimental, curiosa e interesante.
En una estructura de caña sobre una reducida plataforma envuelta en costuras y bordados a la que se accede por dos escaleritas de tres escalones cada una, y sobre la que no descansa una máquina de coser, es donde se mueve este ingenuo sastre. La plataforma tiene cajones, como lunares, de los cuales salen mágicamente los mundos inconscientes del relato.
Es el taller de Washington Beltrán, que se ve rodeado por los mismos fantasmas que su patrón Vespertino Varela y su hija, Sofía Loren Varela. Todo transcurre entre la rutina, lo cotidiano y la infidelidad. El sastre-relator se refiere a la simplicidad de la vida y de las cosas, pero también a cómo éstas pueden ser decisivas en comportamientos y personalidades.
Asimismo, se plantea la utilización del elemento onírico como línea de relato y el efecto de aquellas pesadillas, cuya acumulación acercan al espectador a la causa. En esas alucinaciones, los personajes siempre enfrentan a los mismos objetos, convertidos en fieras que muerden, atacan, mutilan, pero que sobre todo interrumpen sueños. A su vez, se habla de la fragmentación de la carne, la humanización de los objetos y viceversa. Todo imbuido de cierto humor ingenuo y negro.
Unipersonal
Javier Swedzky está solo sobre el escenario, rodeado de sus "cosas favoritas" y unos títeres hechos de retazos, que manipula como agonistas de esta historia simple imbuida de elementos psicológicos y simbólicos. El actor-director-dramaturgo trabaja la ingenuidad en el relato y las acciones. Apuesta al absurdo y al ridículo en la actuación creando un tonto simulado. Conoce la fibra exacta que puede dotar de candor a su protagonista, esencial en este relato que lleva el título de una conocida canción de "La novicia rebelde". Sin darse cuenta, este hombre que se aferra a los objetos materiales va destrozándolos y desacomodándolos hasta que no queda nada en pie.
La música ilustra permanentemente y, por momentos, es decisiva en la creación de climas y resoluciones. Del mismo modo, la construcción del retablo, los bordados y los muñecos son sencillamente bellos y funcionales al espectáculo.
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