
Mujeres apasionadas
La acción comienza en 1900 y llega hasta el gobierno de Alfonsín. Una visión femenina y con humor sobre la Argentina
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En este momento tan particular del país en el que tantas opiniones se cruzan y tantas necesidades se hacen carne, un texto de Manuel González Gil y Daniel Botti propone revisar la historia como forma, tal vez, de comprender el presente. La pieza se llama "Porteñas" y se estrenará pasado mañana en el Paseo La Plaza con un elenco que integran Betiana Blum, Virginia Lago, Carolina Peleritti, Susú Pecoraro y María Valenzuela. La dirección es responsabilidad del mismo González Gil.
La acción comienza en 1900 y se prolonga hasta la llegada del gobierno de Raúl Alfonsín, en la década del 80. Cinco mujeres con ideologías distintas y provenientes de diferentes estratos sociales se irán reuniendo al cabo de las décadas para reflexionar sobre los acontecimientos históricos y sociales que las modifican.
La intención de Amelia, la gestora de las reuniones, una aristócrata esposa de un senador de la Nación, es que "su casa sea un espacio neutral -según cuenta Betiana Blum, actriz que encarna este personaje- donde se pueda aprender a dialogar". "Estas mujeres quieren lo mejor para su país - apunta María Valenzuela-. Más allá de sus diferencias ideológicas hay un punto en el que se solidarizan, buscan lo mejor y saben que juntas pueden luchar por sus derechos, porque no quieren ser marginadas, necesitan ser escuchadas, valorizadas".
""Porteñas" habla de la Argentina -sintetiza Virginia Lago-, y tiene humor, emotividad y demuestra que en algún lugar, siempre, nos encontramos todos."
Cuando a cada una se le ofreció el material se les indicó que el texto podría ser retrabajado con la participación de los intérpretes. Y durante un tiempo las actrices pudieron engrandecer sus personajes con elementos personales, mientras González Gil y Botti reescribían y consolidaban con mayor fuerza la obra. "Y esto fue una de las cosas más interesantes del proceso -acota Susú Pecoraro- porque de alguna manera esto me hizo revisar mi propia historia. De pronto descubría una década y pensaba "yo ya estaba en este tiempo y me vestía de tal manera y hablaba de esta otra. Sin darme cuenta me revisaba y esto también le va a pasar al espectador". Porque si hay algo además, que parece interesante, es que estas mujeres tienen su proyección. Al respecto explica Carolina Peleritti, "como a lo largo de la obra somos un poco inmortales representamos a un personaje, pero, en cada década, también damos vida a tantas otras mujeres que pasaron por lo que nosotras exponemos".
Cada una de estas porteñas posee cualidades muy fuertes y de alguna manera buscan dar forma a un compendio de personalidades que ha ido construyendo Buenos Aires. Amelia, la dueña de casa, según la define Betiana Blum "es una mujer de doble apellido, proviene de una familia tradicional, pero tiene la cabeza abierta y por eso dispone su hogar para que este encuentro se produzca. Lo interesante es que cuando comienza la obra ella está en su mundo -como las demás-, pero al final ese mundo se abre y entre todas pueden crear una relación a pesar de las ideologías".
Virginia Lago es la mujer de un militar. La actriz cuenta "que es una fascista total, con anteojeras. Piensa de una sola manera y no admite opciones. Indudablemente no tiene la dimensión social que tiene el personaje de Betiana, pero está ahí, al lado de esa clase. Es juzgadora, mediocre, es una mujer usada, golpeada por su marido. Hay momentos en los que uno se divierte con estas características porque es tan cerrada que se transforma en un gran estereotipo".
Elizabeth, la feminista, está recreada por Susú Pecoraro. Lo que más le interesa a la actriz de su personaje es la energía con que se mueve. "En cada acto tiene una postura muy vital y esto la hace particular. No es una feminista muy convencional. En 1909 está comprometida con las ideas, es de avanzada y se diferencia del resto por eso. Hay veces que las otras se horrorizan con sus fuertes pensamientos. Pero en algún momento encuentra el amor y entonces las cosas cambian. Esta es una comedia y dentro de ella a mí me toca el momento del corazón."
María Valenzuela asume el rol de la obrera, la mujer de un anarquista. "Hay un lado de ella que es temeroso -comenta la intérprete- porque no sabe qué le puede pasar a su marido, que participa en manifestaciones. En contrapartida, es combativa y tiene enfrentamientos con la mujer del militar, pero sabe que debe ser cauta, debe resguardar su vida y la de su marido, teme a ser denunciada. Es una mujer gris que recién con la democracia de Alfonsín adquiere un poco de color, porque llega la esperanza."
Por último está Carmen, la mujer del almacenero, y este rol le corresponde a Carolina Peleritti. "Ella llega a la casa un poco abruptamente -comenta la actriz-. Va a esta casa a llevar el café express y se encuentra de pronto, en la calle, en medio de una revolución -la semana roja- y es empujada por Elizabeth a ingresar en el hogar de Amelia. Carmen está embarazada y quiere volver al almacén, pero es aceptada por las otras mujeres y termina integrándose a estas reuniones. A veces está un poco afuera, no tiene una ideología precisa y habla desde el amor, la familia, los hijos. En 1951 se revela, aparece el voto femenino y defiende a Evita. Es todo un cambio. Ella tiene sencillez y unos valores muy simples, y habla desde ahí."
"La ideología -dice Betiana- es fantástica, pero nunca puede estar por encima de la vida. Eso es lo que se ve en la obra, lo que se rescata."






