Murió el dramaturgo Ricardo Monti

Fue un referente del teatro argentino y gran maestro de varias generaciones de autores
Fue un referente del teatro argentino y gran maestro de varias generaciones de autores
Susana Freire
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5 de julio de 2019  • 16:23

Hay golpes que son difíciles de asimilar. La muerte de Ricardo Monti , a los 75 años, es uno de ellos. Se fue el dramaturgo, el novelista y por sobre todas las cosas el gran maestro de varias generaciones de autores que se formaron bajo su cálida, sensible y certera guía: Mauricio Kartun, Juan Carlos Badillo, Jorge Huertas, Eduardo Rovner, Enrique Papatino, Eduardo Pogoriles, Ricardo Rodríguez, Alejandro Tantanian, Javier Daulte.

Ricardo Monti había nacido el 2 de junio de 1944, en Buenos Aires, y desde su juventud demostró su clara inclinación hacia la escritura, poesía y narrativa, lo que lo llevó a la Facultad de Filosofía y Letras.

Siendo un adolescente se vio deslumbrado por el teatro, ámbito al que tímidamente se fue acercando cuando descubrió el espacio escénico y, deslumbrado por éste, se volcó a la dramaturgia. Es así que a los 26 años estrenó Una noche con el Sr. Magnus & Hijos, obra que inmediatamente atrajo la atención del medio teatral por la apertura estilística que representaba. Le siguieron Historia tendenciosa de la clase media argentina, de los extraños sucesos en que se vieron envueltos algunos hombres públicos, su completa dilucidación y otras escandalosas revelaciones (1971); Visita (1976); Marathon (1980); La cortina de abalorios (1981), con la que participó en el ciclo Teatro Abierto; Una pasión sudamericana (1989), La oscuridad de la razón (1993), la versión teatral de Rayuela, de Cortázar (1994), Asunción (1996), Finlandia (2000), Apocalipsis mañana (2003), No te soltaré hasta que me bendigas (2003).

Sus piezas teatrales se han representado en los principales teatros de Buenos Aires, y en numerosas provincias de la Argentina y en el exterior: Uruguay, Brasil, Venezuela, Puerto Rico, Estados Unidos, España, Francia, Italia, Portugal y Alemania.

Su obra es acotada y precisa, construida a partir de imágenes internas, esas mismas imágenes que trataba de rescatar de sus alumnos como si se tratara de un método de trabajo, aunque no le gustara este término. De esta manera, la teatralidad no resultaba complaciente, sino de una densidad y profundidad inusitadas. Por este motivo, puede considerarse un pionero de una escuela de dramaturgia basada en la imagen generadora.

Su compromiso ideológico contra la dictadura militar, lo llevó en 1981 a ser uno de los dramaturgos integrantes del prestigioso movimiento de resistencia conocido como Teatro Abierto.

Es difícil retratar la vida de Ricardo Monti porque, como él decía, "Estaría tentado de decir que la biografía de un artista es solo una excusa para su obra, pero no. Eso significaría un desequilibrio que siempre procuré evitar. Aunque no sé si lo he logrado. La vida transcurrió, y sigue, con sus encuentros y desencuentros, con sus pérdidas y ganancias, con sus equívocos y sus hallazgos, con lo fugaz y lo permanente: mis amores, mis hijos (Lila, Matías, Camila), ahora mis nietos (Juana, León). Y las obras, fijas en su ilusoria eternidad y su aureola de premios."

Era un hombre de perfil bajo, reservado, pero amable y siempre abierto al diálogo, de mente abierta, generoso con sus pensamientos e intelectualmente inquieto. Inquietud que lo llevó a escribir su primera novela, La creación, "Un universo literario encerrado en sí mismo, por supuesto, con una mirada exterior", explicaba el autor, obra en la que era posible encontrar la influencia de Leopoldo Marechal, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Roberto Arlt. "Esta novela era todo lo que quería escribir. Me representa", declaraba.

Lo difícil para un autor es no poder hablar directamente con los lectores. Para lograrlo, Monti creó un sitio de Internet, una innovación, para dialogar con sus lectores e intercambiar opiniones: "Mi deseo es que éste sea un espacio de diálogo permanente con el lector -decía-. No solamente al finalizar la lectura sino durante la lectura. Quiero ser yo mismo un puente de ida y vuelta entre la novela y el lector. Voy a responder siempre a todos los comentarios, impresiones o interrogantes, y a aceptar las críticas. Quien conoce mi modo de crear sabe que yo me guío solo por mi imaginación (y por el "pensamiento de la imaginación"). Aunque eso me lleve a no pocas perplejidades y a zonas misteriosas que el lector puede ayudarme a desentrañar (como tantas veces ha ocurrido). Quiero que mi novela llegue, que se pueda disfrutar, que sus claves se compartan. Propongo una lectura (y una literatura) participativa. No quiero ser el autor inaccesible y lejano. Si la tecnología nos ofrece la oportunidad de estar en cercanía, ¿por qué rechazarla?", explicaba allí.

La retahíla de dramaturgos cuyas obras actualmente se representan en los escenarios porteños señalan su calidad de docente, porque para él la educación artística era una forma de arte.

Sus restos serán velados desde esta tarde, desde las 18, en Av. Dorrego 626; mañana, a las 10, serán trasladados hasta el Panteón de Actores, en el cementerio de la Chacarita.

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