Murió Rubens Correa, destacado director teatral y exdirector del Cervantes
A los 91 años partió una gran figura del teatro independiente argentino que ocupó diversos cargos de gestión cultural
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La Asociación Argentina de Actores dio a conocer la triste noticia de la muerte de Rubens Correa, a los 91 años. Actor, director teatral, dramaturgo, docente y gestor cultural de trato siempre ameno y pendiente de las nuevas generaciones había nacido en Olavarría, el 11 de marzo de 1935. A poco de conocerse la noticia, Leo Cifelli, secretario de Cultura de la Nación, se refirió a Correa en sus redes sociales en los siguientes términos: “Día triste para la cultura nacional hoy. Con la noticia del fallecimiento de Rubens Correa, se va una figura fundamental de nuestro teatro, un hombre que dedicó su vida a la escena, a la formación y a la construcción de una identidad cultural profundamente argentina. Su trayectoria, marcada por el compromiso con el teatro independiente y la defensa de la dramaturgia nacional, encontró uno de sus puntos más altos en su gestión al frente del Teatro Nacional Cervantes, que condujo durante casi una década, consolidándolo como un espacio federal y un verdadero bastión para los autores y las historias de nuestro país”.

De adolescente le gustaba la literatura y la plástica. Cuando estaba por terminar el secundario se imaginaba como ingeniero. En 1951 se mudó a Buenos Aires con la idea de ingresar la facultad. Fue a parar a una pensión en la calle Talcahuano entre Corrientes y Lavalle. En pleno centro de la ciudad conoció a los grandes teatros esos a los cuales, de chico, nunca había entrado.
Se convirtió en un gran espectador de las obras de la avenida Corrientes como de la escena independiente. En paralelo, de Ingeniería pasó a estudiar Derecho; pero dejó; y Letras, que también abandonó. Se fue a Azul, de donde había partido. Editó una revista y empezó a trabajar en la radio en un programa de poesía. Al poco tiempo empezó a formar parte de un ciclo de radioteatro. En 1954 comenzó a ponerle el cuerpo a la actividad escénica con un grupo llamado Teatro Popular Horizonte.
Volvió a Buenos Aires y terminó sumándose al grupo Nuevo Teatro, dirigido por Pedro Asquini y Alejandra Boero, del que formó parte entre 1957 y 1970. “En esa época uno no era actor, era de todo; allí me hice hombre de teatro. Limpiábamos, ensayábamos, hacíamos escuela, actuábamos, organizábamos y hacíamos todo. Allí aprendí carpintería, electricidad, a coser, a pintar y todo lo vinculado al teatro”, recordó en un reportaje publicado en Fundación Generación Abierta. En 1971 viajó a Nueva York, invitado por el director Carlos Trigo, para sumarse al Grupo 11 al Sur. Con este elenco realizó durante cuatro años una gira internacional con el espectáculo Buenos Aires Hoy, presentándose en más de 20 países y asumiendo también su dirección.

Regresó a Buenos Aires en turbio momento político previo al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Ese año contó que se “salvo raspando de desaparecer”. Un grupo parapolicial había ido a su casa a buscarlo. Al poco tiempo trabajó como actor en El Proceso, de Kafka, dirigido por Raúl Serrano. En paralelo inició su trayectoria como director. En 1980, en plena dictadura montó Los siete locos, de Roberto Arlt, un espectáculo que no pasó inadvertido con 55 actores en escena (“era como hacer una manifestación”, apuntó alguna vez). En 1981 formó parte de Teatro Abierto, el hecho artístico más contundente contra la última dictadura del cual formaron parte creadores como Osvaldo Dragún, Roberto Cossa, Patricio Esteve, Carlos Somigliana, Sergio Renán y Carlos Gorostiza. Allí actuaba y dirigía, aunque cada vez más se fue alejando de la actuación.
Entre sus trabajos actorales en teatro se encuentran El territorio del poder, La danza macabra, Sacco y Vanzetti, Polvo púrpura, Los indios estaban cabreros, La valija, Integral Pavlovsky, Sempronio, el peluquero y los hombrecitos, entre otras. Como director, se encargó de las puestas de La malaleche, Aparecido, El bizco, Moreira…!, Inventario, Una mañana sin sol, Sábanas frías, Lazo mecánico familiar, A propósito del tiempo, Rojos globos rojos, Teresa Batista cansada de guerra, entre muchos otros.
Como gestor cultural, encabezó destacadas gestiones al frente del Instituto Nacional del Teatro, en tiempos de la Alianza, y del Teatro Nacional Cervantes, que dirigió desde 2007 hasta 2016, cumpliendo con una de las gestiones más sobresalientes en toda la historia de esa gran sala histórica. Como director general de la sala “sobrevivió” a tres presidentes (Néstor Kirchner, Cristina Kirchner y Mauricio Macri) y a cuatro encargados de Cultura de la Nación (José Nun, Jorge Coscia, Teresa Parodi y Pablo Avelluto). Cuando en 2007 asumió la dirección de la histórica sala, el Cervantes tenía 5452 espectadores. Antes de irse, 220.597.
“Empezamos con un teatro que venía de estar casi dos años parado y después de pensar un proyecto para el único teatro nacional fuimos avanzando y cumplimos bastantes cosas: el Cervantes ocupó todo el país, incluyó a nuevos públicos, ganamos visibilidad. El concepto puede ser discutible, puede haber otros modelos de teatro nacional, pero planteamos una posibilidad de teatro nacional”, dijo Rubens Correa en su última entrevista como director de la sala en su oficina.
Habitó ese despacho casi una década. Se fue sin llevarse nada. “¡Es que ni traje ni una foto! No sé..., yo mismo estoy sorprendido. Lo único que hice fue mandar a tapizar estos sillones de rojo porque estaban grises y muy viejos, pero no tengo cosas mías, son todas cosas del Teatro. Aunque no haya traído nada me tomé en serio el laburo. Quiero decir: hice lo mejor que pude".
Y pudo, y mucho. Por eso mismo se lo va a extrañar.
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