"Nuestro método es no tener método"
Eusebio Calonge es, desde hace 17 años, el encargado de armar los textos del grupo La obra surge luego de un proceso de creación colectiva que él se encarga de disparar El grupo se encierra, durante meses, hasta que el espectáculo está concebido
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Eusebio Calonge hace 17 años que trabaja con La Zaranda, siempre fuera de la escena, armando textos. Es simpático y su barbita y bigote, tipo manubrio, evoca a algún personaje de las pinturas de Velázquez. También jerezano, acompaña a la compañía, sobre todo para hacerse cargo de la iluminación. Pero en la intimidad de la creación tiene la responsabilidad de armar el texto, mediante un proceso que los obliga a todos a estar encerrados durante meses hasta que el espectáculo está concebido.
"Nuestro método es no tener método, depende de qué texto se monte. Con "La puerta estrecha" fue difícil encontrar la fuente de la que partir para construir las imágenes. Costó mucho y hubo que adaptar bastante. Todo el material escrito previo al montaje hubo que desecharlo. Al fin, quedó algo más delicado, que era lo que se pedía.
-¿Es arduo trabajar un texto en forma colectiva?
-Lo que se tiene que considerar es que no hay nada intocable. Lo bonito es la confluencia de opiniones. Lo mismo Paco puede modificar un texto, como yo la dirección de cierta escena. Si no el teatro se convierte en algo estancado, sin vida. Lo importante es que desde el escenario brote la palabra viva al mismo tiempo que la imagen; si no, no se comunica verdad.
-Generalmente, en sus propuestas, trabajan mucho las imágenes fuertes.
-Es una constante, hay que sacudir, zarandear. Y la palabra muchas veces tiene que tomar la lógica de lo que son los sueños, la reconstrucción de ciertas pesadillas. Algo que también quede en el espectador. Despertar con todo es nuestro reto.
-¿También trabaja como actor?
-Nunca lo he sido. Me hubiera gustado, pero dicen que soy muy malo. Lo dicen por envidia. No me dejan. Ellos son viejos y yo soy una parte nueva y palpitante. En realidad, me gusta estar en la sombra.
-¿Qué te atrae de este grupo teatral?
-En un principio, me interesó la literatura; luego me di cuenta de que era difícil vivir de eso, al menos sin traicionarme. Entonces me fui metiendo en el teatro y me fascinó ese construir entre todos, armar el andamiaje, ese poner la frase entre todos, frente a la soledad del pupitre del autor, que de cualquier manera se da. Ese andamiaje escénico es lo que me atrapó y además la posibilidad de sobrevivir. Ahora me dedico a escribir teatro. Un vicio, deleznable; pero, en fin, como ya mi madre lo aceptó..., aunque mi abuela no. Ella sigue preguntándome cuándo voy a poner una oficina, sueña con que sea mecanógrafo. Y eso que ve los espectáculos y le gustan. Se queda con la anécdota y me interesa su opinión, porque significa que hay una multiplicidad de lecturas. Nuestras obras pueden dirigirse tanto al público teatralizado como a personas que nunca han visto una compañía.
-En "La puerta estrecha" tuvieron que trabajar siete meses. ¿No es mucho tiempo?
-Fue complicado, sobre todo porque se trataba de encontrar nuevos derroteros en el lenguaje para no repetirte, manteniendo tus constantes vitales. Fue difícil, pero se consiguió un trabajo fresco, vigoroso. Lo que más me interesó es que gustó a los jóvenes mucho más que los anteriores. A lo mejor es porque ya somos viejos y los jóvenes prefieren al abuelo y no al padre. A lo mejor, es por eso.
-¿Están abiertos a las tecnologías audiovisuales?
-Creo que el teatro es el teatro y que toda esta tecnología nos apartaría del corazón. Todo lo que veo es que, al fin, el progreso tecnológico aparta del corazón del teatro. Me gusta la pureza de la cosa, y el teatro ya tiene un lenguaje-imagen que no creo que haya que reforzar con cosas tecnológicas. Estamos abiertos a potenciar unos climas de iluminación. Creo que avanzar tecnológicamente es retroceder en el corazón del espectador. El teatro debe tener fuerza de por sí.
-¿Qué tarea le corresponde hacer en Buenos Aires?
-Me encargo de la iluminación y poco más. Además, no pienso estar todas las noches de función. En realidad, lo que intento es ver a los amigos, conocer a la gente, a la ciudad. Es lo más bonito que regala el teatro. Yo a Buenos Aires siempre me apunto, por las librerías, la gente -me gusta mucho cómo habla- y estar en un café mirando y escuchando a los demás.






