
Obra de Shakespeare en una puesta acertada
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"Todo está bien si termina bien", de William Shakespeare, con traducción de Natacha Cervi y versión de Miguel Guerberof. Intérpretes: Gabriela Lerner, Carla Peterson, Veronika Silva, Horacio Acosta, Gustavo Chantada, Carlos Da Silva, Carlos Lipsic y Javier Montú. Escenografía y vestuario: Gabi Dodero. Iluminación: Carlos Lipsic. Dirección: Miguel Guerberof. Duración: 93 minutos. En El Excéntrico de la 18.
Nuestra opinión: muy bueno.
Una vez más vuelve a acertar Miguel Guerberof en esta puesta de "Todo está bien si termina bien". Es casi como si hubiera descubierto esa vuelta de tuerca que le permite llevar a escena los textos shakespearianos, apoyándose fundamentalmente en el texto y en la interpretación.
Es un acierto que Guerberof se haya decidido a crear la Compañía Shakespeare Buenos Aires para acercar textos poco frecuentados, con los que además ha obtenido elogiosas repercusiones, como con "Cuento de invierno" y "Ceremonia enamorada".
Por supuesto, todo esto después de haber desarrollado versiones más reducidas, donde no falta lo elemental del género. Y en esta materia aparece el conflicto favorito del autor inglés: encuentros y desencuentros, engaños y ardides amorosos, mucho de ingenio, algún matiz burlón que vuelca sobre la figura de turno del poder y un manejo del lenguaje por siempre envidiable.
Basada en una de las historias del "Decamerón", de Boccaccio, "Todo está bien si termina bien" está instalada en un escenario reducido y vacío de ornamentación y decorados, el director empieza a trabajar el espacio real para crear otro imaginativo, con apenas unos breves movimientos. Todos los ámbitos quedan reproducidos tan sólo con el desplazamiento de los actores. Así se suceden el palacio de Rosellón, la corte del rey de Francia, una posada en Florencia y otros lugares.
El resto es la trama que habla de amores no correspondidos y uno que otro ardid para atrapar el interés del sujeto amado. No falta el bribón, encarnado por Parolles, que es el intrigante que ayuda a confundir las situaciones, enriquecidas por el cambio de roles y las prendas de amor.
Un tanto en favor
Además de un preciso puestista, Guerberof demuestra una vez más su idoneidad para obtener óptimos resultados con los actores en la composición de los personajes. Casi sin fisuras, el elenco actúa con total solvencia, creando personajes totalmente creíbles, aun en los casos -como Horacio Acosta y Carlos Lipsic- en que realizan desdoblamientos muy logrados, con apenas algunos elementos de vestuario y mucho de composición corporal.
También es adecuado el vestuario, que si bien tiende a la uniformidad (remeras a rayas para el elenco masculino) es por demás elocuente cuando con un pequeño accesorio alcanza para variar la situación.
No existe nada más, ni es necesario. Esto viene a demostrar que para obtener un buen espectáculo no es necesario contar con una superproducción, aunque de vez en cuando no vendría mal, sino con mucho de ingenio, varios gramos de imaginación y una generosa dosis de creatividad.
Parafraseando al autor: todo está bien si se tiene un buen texto, un buen elenco y un buen director.






