Osvaldo Quiroga: el hombre que revivió al emblemático teatro IFT

El reconocido periodista y crítico teatral está exultante con su nuevo rol en la gestión cultural como programador, en el que demuestra su pasión por las artes escénicas y el trabajo de los actores
El reconocido periodista y crítico teatral está exultante con su nuevo rol en la gestión cultural como programador, en el que demuestra su pasión por las artes escénicas y el trabajo de los actores Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
Carlos Pacheco
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15 de mayo de 2019  

Destacado periodista cultural y crítico teatral, Osvaldo Quiroga ha comenzado a involucrarse en la gestión. Desde el año pasado es el director artístico del teatro IFT, la emblemática sala del barrio de Once, uno de los bastiones más importantes del teatro independiente en Buenos Aires.

Quiroga tiene cierta familiaridad con ese espacio. Cuando tenía 18 años integró allí un grupo teatral que conformaban, además, Cecilia Roth, Ricky Pashkus, Roxana Berco y Susana Blazco, entre otros. "Gente muy joven a la que le gustaba hacer teatro. Éramos unos aventureros. Ahí empezó mi relación con el IFT, que después se interrumpió porque me dediqué a la crítica teatral, participé en la producción de revistas de teatro ( Espacio de crítica e investigación teatral) y otras cosas vinculadas con la actividad", cuenta el profesional.

Hace algo más de un año que comenzó a ayudar a los miembros de la comisión directiva de la sala. La idea era analizar qué tareas podían desarrollarse para que el IFT volviera a tener el esplendor de otras décadas. La sala se creó en 1952 y por allí pasaron creadores tan emblemáticos como Jordana Fain, Jaime Kogan, Cipe Lincovsky o Sergio Renán, entre tantos otros. A su vez, durante muchos años se hizo teatro en idish.

"De pronto la comisión directiva de la institución me propuso ser director del teatro -cuenta-. Amo los teatros, cada vez que entro a uno respiro mejor. Lo único que les dije es que quería estar todo el tiempo en la sala. Comparto esta actividad con el programa de televisión Otra trama (Televisión Pública, los sábados, a las 13), pero en el IFT estoy todo el tiempo, veo todas las funciones. Para un crítico de teatro, de alguna manera, es como cumplir un sueño impresionante porque las cosas que programo tienen que ver con lo que pienso del teatro. Es una apuesta por la excelencia y por distintas poéticas".

Si bien las funciones se realizan en la sala 2, con capacidad para 110 espectadores, Quiroga se apasiona cuando cuenta que en las últimas semanas programó Edipo en Ezeiza, de Pompeyo Audivert, y logró colmar la platea baja de la sala mayor. Cuatrocientos espectadores, en su mayoría jóvenes, accedieron a este trabajo que combina el teatro, la performance y las artes visuales.

La programación actual incluye los espectáculos Celosía 15/20, de Florencia Aroldi (jueves); Sensaciones, de Ana Ferrer (viernes); Operación nocturna y Rojos globos rojos, de Eduardo Pavlovsky (sábados); y Zeide Shike, de Perla Laske y Diego Licht (domingos). Próximamente se incorporarán trabajos como Misterio del ramo de rosas, de Manuel Puig, con dirección de Alejandro Vizzotti; e Yvonne princesa de Borgoña, de Witold Grombrowicz, dirigida por Leo Di Nápoli.

"Querría que siempre hubiera un espectáculo, por lo menos, vinculado con la comunidad judía. Y Zeide Shike me permite cumplir ese sueño. Este es un teatro que ha sostenido y ha sido central para la comunidad judía. Sería fascinante hacer un ciclo de teatro judío. Este espacio tuvo durante muchos años un gran prestigio y en el último tiempo estuvo bastante abandonado".

-El IFT atravesó una gran crisis hace unos años. Hasta se divulgó que el edificio estuvo a punto de venderse. Sin embargo, se mantiene activo.

-Y seguirá activo. El año pasado tuvo una muy buena temporada con experiencias como Bollywood, de José María Muscari; De cómo el señor Mockinpott logró liberarse de sus padecimientos, de Peter Weiss, dirigido por Javier Margulis y Eugenia Levin; y Bájame la lámpara, de Francisco Pesqueira . Es necesario que adquiera mayor visibilidad. El IFT tiene que volver a ser un lugar de referencia y en ese punto mi apuesta estética está siempre en el teatro alternativo, en el off. Es el teatro que más entiendo, en el cual me formé y quiero. El gran desafío es demostrar que ese teatro puede tener un público.

-¿Cómo analizás la escena alternativa actual?

-Creo que estamos viviendo, como siempre en Buenos Aires, una fiesta de la escena alternativa. En ninguna capital del mundo ocurre lo que sucede en Buenos Aires. Salvo en Berlín. Me conmueve mucho el esfuerzo de los actores. Estoy atento a los bordereaux de las funciones y cuando veo el dinero que reciben los actores, realmente los amo. Es increíble lo que ponen en el escenario. Eso habla del amor y la pasión. Me quedo impresionado. Y ahí valoro la creatividad en tiempos de crisis, el hacer cosas tan bellas con tan poco y tener un público que los acompaña. Hay una característica que me interesa señalar. Se está haciendo muy buen teatro en las salas oficiales, en el San Martín, en el Cervantes. No porque antes no se hiciera, sino porque hoy vemos teatro de vanguardia en esos ámbitos. Esto cambia un poco el eje de lo que se hacía en otra época. Que era muy bueno pero no competía directamente con el teatro alternativo. Vas al teatro oficial y sentís que estás viendo teatro alternativo, por supuesto con todo lo bueno que te puede dar un teatro oficial en términos económicos.

-¿Extrañás aquella época en la que eras crítico teatral?

-Escribo críticas en mi página de Facebook (Facebook.com/refugiocultura). Ahí me doy el gusto. Creo que hay muy pocos diarios que le dan importancia a la crítica teatral. Uno es LA NACION. Página 12 un poco, algo Perfil y, después, el desierto. Tampoco hay muchos medios para escribir, ese es un punto importante. El otro punto es que cambió mi mirada sobre la crítica. No me interesa ir a destruir espectáculos, no me interesa más. Yo era una persona un poco pedante, creído... y eso es horrible. Extraño la crítica de un diario, extraño un diario, estuve diez años en LA NACION, otros diez en El Cronista. Hoy haría otra crítica. Lo hago en la televisión. Invito espectáculos que me gustan mucho y otros que no me gustan tanto pero no importa. ¿Quién soy yo para decir si este sí, este no? No soy el dueño del gusto de la gente. Muero por el teatro de Bartís, de Audivert, por el mejor Veronese o Daulte. Tengo mi cabeza puesta ahí. Hay otras poéticas que pueden no fascinarme y rescato algo de ellas. La diversidad es la característica central del teatro. Una actividad que se hace igual que hace cinco mil años. Podés poner multimedia, pero sin el actor no haces teatro. Y sigue habiendo actores. Y eso a mí, en un mundo como el actual, me apasiona. Sigue habiendo una disciplina donde lo central es el cuerpo del actor y el cuerpo del espectador y se encuentran. Tuve una época en la que hablaba de semiótica, de la comunicación. No. El teatro es el cuerpo del actor. Cada vez que veo a los actores en el escenario algo de la historia del teatro se me cae encima.

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