Paola Krum y Pablo Echarri, a 20 años de Montecristo: el éxito que compartieron y el nuevo desafío que los vuelve a unir
El exgalán de la pantalla debutó en teatro justamente con la multifacética intérprete con quien protagonizarán Maldita felicidad, que dirige Daniel Veronese
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En abril de 2006, Paola Krum y Pablo Echarri se convirtieron en los protagonistas de la telenovela Montecristo. A 20 años de aquello, protagonizarán la obra de teatro Maldita felicidad, que estrenan el 19 de este mes en el Teatro Metropolitan.
En vista de esta nueva propuesta en la que comparten escenario con Carlos Portaluppi e Inés Palombo, les toca jornada de prensa. Tiene una, dos, tres... infinitas notas para medios diversos. Ellos se entregan al juego como si fuera la primera vez que están jugando el juego que más les gusta.
“Es que nos conocemos hace muuucho tiempo, somos amigos, nos queremos, tenemos mucha confianza el uno hacia el otro. ¡Qué sé yo...! Es un privilegio volver a trabajar juntos”, arranca ella. “Y nos conocemos desde el principio de todo esto y seguimos caminando juntos... Vimos la evolución de uno y otro arriba del escenario y abajo. Delante de una cámara y detrás de ella. Los años de todo eso hacen que sea más valioso y una de las razones para subirse a este colectivo y Maldita felicidad”, agrega su compañero de tantas batallas.
Maldita venganza
En términos de repercusión mediática, Montecristo para los dos dejó una marca. No recordaban que aquel éxito en el que Joaquín Furriel compartía protagonismo está por cumplir los 20 años del primer capítulo. En aquella trama, Santiago, un prestigioso abogado que encarnaba Echarri, era traicionado por Marcos, su mejor amigo que interpretaba Furriel, quien lo envía a una prisión marroquí tras asesinar a su padre para ocultar crímenes de la dictadura. Tras 10 años, Santiago lograba escapar y regresar a Buenos Aires para desenmascarar a los responsables, recuperar su vida y reencontrarse con el amor de su vida, Laura (Paola Krum), quien lo creía muerto y quien se había casado con Marcos.
Aquella trama de amor y venganza arrancó en abril de 2006 con un promedio de rating de 27,4 puntos, solo superado por ShowMatch, que logró 29,1. El top five de los programas más vistos de esa semana incluía a otras tres ficciones locales: Sos mi vida, con Natalia Oreiro y Facundo Arana; Casados con hijos, con Guillermo Francella y Florencia Peña; y los unitarios de Mujeres asesinas, que en abril de aquella lejana temporada fueron protagonizados por Celeste Cid, Nacha Guevara y Gloria Carrá. Lo cual, en perspectiva, marca una postal de la potencia de la ficción televisiva en aquellos tiempos frente a la triste foto de la pantalla chica actual que ya no cuenta con esas historias.
El esperado reencuentro entre los personajes de Echarri y Krum se produjo en el capítulo 59. Aquella emisión de un momento clave de esta trama con un elenco de lujo obtuvo 33 puntos de rating. En el momento de la grabación de esa escena clave, a ella le latía el corazón con una fuerza tal que hasta el día de hoy Echarri lo recuerda.
“Fue una escena extraordinaria que, si la ves al día de hoy, no podés dejar de emocionarte —señala en pleno plan recuerdo el actor—. Cuando chequeamos la escena en el momento en que su personaje ve a quien creía muerto, en el micrófono corbatero de Paola se siente que su corazón estaba latiendo a más no poder. Era una cabalgata. ¡Eso a mí no me pasó en la puta vida actuando! Yo soy más de la piel para afuera. Nos quedamos muy impresionados todos".
El latido de la actriz musicalizando la escena quedó. Decidieron que así fuera. En la emisión final de Montecristo, la audiencia trepó a los 39,5 puntos (“¿Tantos? Se me pone la piel de gallina de escucharlo", suelta Krum cuando escucha el dato). Fue la novela más vista de Telefe. Marcó un antes y un después. Definitivamente, era otra televisión. No hay metáfora en esta afirmación. En enero de este año, el encendido total de los 7 canales de aire fue de 11,8 puntos. Telefe, el canal líder, arañó los 5,4 puntos. Fue el peor enero de los últimos 20 años.
“¡Qué privilegio haber sido parte de un suceso como Montecristo! Fue tan mágico como imprevisible", apunta Krum sobre aquella versión libre basada en el libro de Alejandro Dumas. “Aquello marcó muy fuerte nuestro nivel de popularidad en el imaginario de la gente. Si hoy nosotros estamos acá, en la Avenida Corrientes haciendo una comedia mainstream con un director como Daniel Veronese y una gran producción, es porque aquello que sucedió con Montecristo. Eso nos marcó como figuras", reflexiona Echarri.
“La particularidad del tiempo presente, aquello de ver tal serie o telenovela a tal hora por tal canal, generaba comunidad —apunta el actor—. Su falta genera un problema grave. El teatro es lo único que ha quedado en pie en materia actoral, de ficción. Siempre se alimentó de la televisión abierta y de sus figuras. Por eso cada vez que veías a esos actores en el teatro, la gente iba a verlos. La ausencia de todo eso afecta a la taquilla. No, tal vez, a los números puestos, que son pocos y mucho menos que los que están por encima del contenido. De nuestra camada luego apareció Benjamín Vicuña, más joven que nosotros, o la telenovela Valientes, que generó varias figuras, pero son parte de los últimos ejemplos. Que vuelva la televisión de aire es un objetivo que tenemos que reflotar. Éramos felices, pero no nos dábamos cuenta...”.
Maldito sueño de verano
Antes de Montecristo, Echarri venía de protagonizar con Celeste Cid Resistiré, historia que fue otro peso pesado en términos de rating. La pantalla era lo suyo, no así el teatro. Su debut en un escenario fue en 1999 con Puck, sueño de verano, un Shakespeare revisitado por el grupo La Banda de la Risa, de Claudio Gallardou. Su cómplice fue Paola Krump, la otra protagonista. Ella tenía su millaje en escena. Venía de ser parte de obras como Drácula, El jorobado de París y Flores de acero. En la pantalla, había sido parte de la telenovela Muñeca brava, aquella que protagonizaron Natalia Oreiro y Facundo Arana.
Con Puck dieron un volantazo en relación a la carrera de galanes y heroínas de televisión que, como sucedió en tantas oportunidades, pasan luego de un éxito televisivo a una comedia teatral aprovechando el público ganado. “Nos piensan para personajes terrenales, naturalistas y con una historia de amor en el medio. Sin embargo, Puck es un espacio de juego, de disfrute“, confesaban ellos antes de aquel estreno.

“Cuando me apareció esa posibilidad…”, empieza en modo evocativo Echarri y su amiga lo interrumpe: “Daaale, contá eso porque es hermoso. ¡Uy, parecemos un matrimonio!”, agrega Krum muerta de risa. Y sigue él: “Es que como actor de telenovela, sin haber filmado ninguna película, el sumarme a un proyecto no comercial como Puck con un grupo de teatro de prestigio era rupturista, era desmarcarme de las características de galán. Me daba pánico”. Cuando le comentó a Gallardou su miedo, el director no lo dudó y él terminó aceptando el desafío.
En una de las funciones, a Krum el pánico la pudo. Es que a esta experimentada actriz no le gusta nada que le avisen cuando va a verla un amigo o tal actor o periodista. Pero una noche, en la previa, un emocionado Gallardou le dijo al elenco que en la platea de La Trastienda iba a estar Luis Alberto Spinetta, autor del tema que cantaba Titania, su personaje.
“Yo era fanática de Spinetta, mal. Admiración total. Cuando me enteré de que iba a estar en la platea, se me cerró la garganta, ¡era un candado! Me sobrepongo, lo sé, pero la paso fatal. Canté con un miedo terrible", recuerda sobre ese momento tan malditamente traumático como placentero.

Muchos años después, en 2011, él, como uno de los productores y como actor protagónico, la convocó para la serie El elegido, que se emitió por Telefe. “Cuando me llamó, me sentí muy honrada porque era algo que Pablo decidía hacer y, valga la redundancia, me elegía a mí”, recuerda su paso por esa serie ganadora de varios premios. “Ella es muy tonta..., no se da cuenta de todo lo que es, de todo lo que puede hacer —agrega su compañero y amigo—. Cuando la elegí, lo hice como si fuera un partido de fútbol: yo quiero jugar con la mejor junto a un equipazo del cual todos querían ser parte”.
Echarri venía de protagonizar en teatro The Pillowman, una comedia negra escrita por Martin McDonagh. “Esta obra me saca el piso y me hace tener que flotar. Si no floto, me caigo. Y eso está bueno”, señaló sobre aquella vez. En escena, nadaba con suma fluidez. Como lo hará en pocas semanas, también aquella vez hizo de un escritor.
Ella, entre tantos trabajos teatrales, fue parte de El luto le sienta a Electra, el clásico de Eugene O’Neill, dirigido por el realizador georgiano Robert Sturua que se estrenó en el Teatro San Martín en 2014. Venía de hacer Traición, de Harold Pinter, en la versión de Ciro Zorzoli.

Entre los títulos más próximos, Krum viene de hacer Las irresponsables, comedia en la que compartió escena con Gloria Carrá y Julieta Díaz. Y venía de ser parte del elenco de la serie El primero de nosotros, aquella brillante serie que emitió Telefe y que fue filmada en tiempos pandémicos. Él, hasta hace días, fue parte de Druk junto con Juan Gil Navarro, Osqui Guzmán y Carlos Portaluppi, con quien seguirá trabajando, ya que forma parte de Maldita felicidad.
Maldito reencuentro
Ahora será el turno de Maldita felicidad, texto de Agustina Gatto dirigido por Daniel Veronese que se estrenará el 19 de marzo en el Teatro Metropolitan. Comparten la escena (y una cena en la que todo se desmadra) con Carlos Portaluppi e Inés Palombo.

Apenas Paola Krum leyó la obra, pensó que el personaje del escritor, un tal Peter, era Echarri. Se lo dijo a su representante. No quiso llamarlo, generar presión. Sobre el final se tentó y le mandó un mensaje en código cuando Portaluppi ya había hablado con él y su participación ya estaba casi cerrada.
“Cuando un compañero piensa en vos es porque, entre otras cosas, quiere volver a trabajar con vos. Eso es bárbaro y acá estamos. Yo leí la obra mientras terminábamos Druk, me daba cosa volver a hacer teatro. El actor es vago, no hay forma. Lo primero que piensa cuando está laburando es cuándo va a descansar, salvo los últimos tiempos en los que corremos la coneja. Pero cuando la leí, me tiré de cabeza”, señala Echarri.
Para ambos, será la primera vez que trabajen bajo la dirección de Daniel Veronese. “Apenas leí el texto, me encantó el personaje porque no tiene nada que ver conmigo, pero me imaginé que lo podía jugar bien. Y me gusta la garantía que me da trabajar con un buen director, como es Veronese”, dice la actriz.
La trama es más o menos así. Portaluppi hace de Guido. Krum, de Celeste. Están casados y tienen una humilde editorial en la que Peter (Echarri) acaba de publicar su primera novela. De buenas a primeras, el libro es un bestseller. Pensando ya en otros títulos, se juntan a cenar en la casa de la pareja para convencer al nuevo famoso de firmar un contrato pensando en futuros perfectos. Pero el excéntrico escritor considera, sin matices, que “el éxito es una mierda”.
Así es como la idea de un próximo título basado en la felicidad entra en aguas dudosas. Al encuentro se suma Ari, Inés Palombo, una de las novias del infeliz escritor. El mundo editorial no es lo suyo; ella prefiere TikTok. En medio de ese estado de situación, todo entra en crisis: el matrimonio, los prejuicios, las reflexiones más profundas, el cotidiano y el paso del tiempo. Y también se vislumbra la tensión oculta entre el escritor y su editora.
“Cuando el tal Peter descubre que su novela es un éxito, todas sus inseguridades, sus estupideces, su falta de estructura emocional y su bondad se manifiestan. En ese marco decide que todos terminen hablando de la felicidad sobre la cual cada uno tiene una mirada distinta. Es un ser egocéntrico al máximo”, describe a este escritor que se considera a sí mismo como un “potro intelectual”.
Krum, cuyo personaje confesará que su peor problema es la “crisis moral agravada por el vínculo con estos dos idiotas”, haciendo referencia a su marido y al escritor, aporta su mirada. “Peter llega a la cena también con la carga del síndrome del impostor. Como alguien que la pega y, como nos pasa a todos cuando algo así sucede, no entendemos cómo carajo fue”, apunta la actriz que, tal vez, vivió algo similar cuando salía a la calle en tiempos de Montecristo y todos le preguntaban cómo seguía la historia.
Su personaje también tiene lo suyo. Lo señala el mismo Echarri: “Es una mujer tan autosuficiente que busca que todo el mundo la ame y que se termina acercando a su esposo, persona que tiene enormes dificultades para expresar lo que siente y lo que quiere. Esa relación desigual también la hace feliz y, en el medio, aparece este excéntrico que ellos quieren que no se vaya para sostener la editorial”.
Maldita felicidad se estrena cuando empiezan a desembarcar los grandes títulos de la Avenida Corrientes en una cartelera sumamente competitiva. “Va a ser difícil, pero ahora pienso en mi trabajo, en que tengo que resolver a mi personaje. No puedo pensar en lo otro porque me volvería loca. Pero es un momento complicado porque estamos todos haciendo teatro y la gente no tiene un peso. Es así”, afirma, categórica, la heroína de tantas ficciones.
“Yo dejé hace muchos años al Universo las variables sobre el resultado de las cosas —piensa Echarri, apelando a un tono reflexivo—. Me ocupo de poner todo para que esto salga bien, como para que el boca a boca funcione, variable fundamental más allá de promociones, de nombres, de marquesinas. Yo me conformo con lo que recibo”.
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