
Peña, de la radio al escenario
1 minuto de lectura'
"Esquizopeña. Intimidad rioplatense". Una creación de Fernando Peña, con guión de Peña, Ronnie Arias y Sebastián Wainraich. Intérpretes: Fernando Peña, Tamae Garateguy, Ernesto Cesari, Fanny Bianco, Nazarena Amaya, Mariela Anchipi y Pedro Santos. Dirección: Ronnie Arias. En el Paseo La Plaza.
Nuestra opinión: bueno.
Una nueva propuesta escénica de Fernando Peña ocupa el escenario de la sala Pablo Neruda de La Plaza. En esta temporada no está solo: lo acompañan un maestro de ceremonias, una actriz, un vestuarista, tres bailarinas y un tamborilero. También están sus personajes radiales, obviamente, y aproximadamente 500 espectadores por función que lo siguen apasionadamente durante algo más de cuatro horas.
La función del último domingo comenzó a la 0.30 y finalizó cerca de las 5.15. A las 4.30, Milagritos López, de espaldas (¡todo mal!, porque es uno de sus personajes más bellos e intensos) intentaba atrapar a la platea con su historia de azafata. En ese momento, la capacidad de atención de este cronista estaba cerca de resultar superada.
Analizar teatralmente este trabajo es sumamente complejo. Es cierto que se realiza sobre un escenario, que hay personajes, que los va hilvanando una mínima historia, pero nada de eso funciona dramáticamente. Lo de Peña podría enrolarse dentro del género mexicano llamado carpa-cabaret, una experiencia muy fuerte, en la que se deja bastante de lado el cuidado por lo estético (en general las puestas son desprolijas) y lo que más importa es esa postura contestataria del artista. El actor se burla de las conductas sociales, trabaja directamente con el público, lo hace entrar en su juego, pero en verdad el espectador no se da cuenta, casi, de que ese intérprete se está burlando de él, porque ésa es su forma de proponerle una reflexión.
Fernando Peña se apoya, para desarrollar lo suyo, en algunas de las tradiciones más fuertes del teatro argentino. Construye sus personajes al mejor estilo de un Pepe Arias o una Niní Marshall. La gran Niní siempre explicaba que dibujaba a sus criaturas con un crayón de trazo grueso. Y eso hace Peña. Indudablemente tiene, además, como aquellos, una enorme capacidad de observación. Y también toma el viejo café concert, el de la primera etapa, el que era extremadamente desordenado y lanzado , el de Antonio Gasalla, Carlos Perciavalle y Edda Díaz. El afán de combinar esas tradiciones, en principio, lo convierte en un creador muy interesante.
Difícil traslado
Pero a la vez hay otra tradición en la que se apoya. Como los de Marshall, sus personajes son radiales. Y es muy difícil ese traslado al teatro. Porque tienen una entidad particular. Están hechos para ser escuchados y su imagen la construye cada oyente, de acuerdo con su experiencia de vida. Sacarlos de ese ámbito es una responsabilidad del creador; el dolor que eso puede producir corre por cuenta del oyente-espectador... ¿En verdad es así?
Lo lamentable es que para Fernando Peña parecería que es así. Y eso duele más.
Y tanto es así que esas criaturas pierden magia. Todos esos seres a los que les dio forma, en escena, dejan de ser. No es una cuestión de ellos. Peña empieza construyéndolos y al poco tiempo los abandona. Sólo mantiene sus formas de hablar. El que sigue es Fernando Peña. El que critica, el que denuncia, el que se pone agresivo, soez y hasta escatológico, es él, no los personajes. Y, desde un punto de vista teatral, esto es muy cuestionable.
En verdad, cuando al comienzo decíamos que era complejo analizar este espectáculo es porque Fernando Peña hace un programa de radio en un teatro. Y dura cuatro horas, como "El parquímetro", su programa diario en la FM Metro.
Un hecho inédito
El sábado sucedió algo interesante de analizar. El xenófobo personaje de Dick descubre en la platea a cuatro mujeres orientales (una madre y sus tres hijas). Al grito de "¡Qué hacen estas chinas acá!", las hace subir al escenario. La madre explica que son japonesas. Las deja allí paradas algo más de 15 minutos mientras sigue haciendo su rutina. Vuelve a ellas y les pregunta, casi agresivamente: "¿Por qué los japoneses son tan introvertidos?" La mujer mayor responde, con mucha naturalidad e inteligencia: "Los japoneses no somos introvertidos, somos respetuosos". El se arrodilla frente a ella y le pregunta: "¿Cómo se hace?". Ella contesta: "Es muy simple". Cualquier actor hubiera pedido apagón y se hubiera retirado de la escena, ovacionado por el público. Su objetivo - el mensaje- estaba cumplido. Es más, la platea le gritaba: "¡Te ca..!" Peña volvió a dejarlas solas y siguió desarrollando lo indesarrollable. Eso que para el espectador ya no tenía sentido. Y no pudo verlo, y mucho menos llevarlo al terreno de la actuación.
En el "Esquizopeña" del año último Milagros López aparecía de espaldas, y ahora también. Y esa mujer es entrañable. ¿Por qué sacarla de su lugar -el de la radio- y exponerla así? Si es tan fuerte que hasta tiene un programa propio en Del Plata.
Fernando Peña debería dejar su propio personaje para fortalecer a esos seres que creó. Porque además el público los ama. Ellos son el verdadero Peña. Por ellos se lo reconoce, se lo admira. Ellos son su éxito.
1
2Salió a la luz la presunta declaración de la China Suárez para apoyar a Mauro Icardi en la recuperación de sus hijas
3The Mandalorian and Grogu: una aventura galáctica que cuenta la misma historia de siempre (aunque con menos ambiciones)
4Preocupación por la salud de Romina Gaetani: qué le pasó y cómo se encuentra


