
Percepciones de retina y oído
Paseo para títeres y orquesta. Autores y dirección: Cristóbal Varela Salas y Lara Liebenthal. Intérpretes: Marcelo Lizarraga y Miguel Vigna (titiriteros), Perla Gonilski, Paula Lilffschitz, Carlos Vega y Gerardo Cavanna (músicos). Música: Modesto Mussorgski. Arreglos musicales: Cuarteto Polok. Sala: Café Vinilo, Gorriti 3780. Duración: 45 minutos. Funciones: domingos 19 y 26, a las 16. Nuestra opinión: buena
El retablo ofrece el marco para las pinturas que animan los títeres. La banda musical desplegada a su alrededor recrea la célebre partitura de Modesto Mussorgski, "Cuadros de una exposición". El cruce entre la animación titiritesca y la música que la moviliza, fiel al espíritu de retratos sonoros del compositor ruso, es un hallazgo singular de Paseo para títeres y orquesta, la puesta en escena conjunta de la Compañía de Títeres Pole Pole y el Cuarteto Polok.
La partitura original para piano de 1874 de Mussorgski fue llevada medio siglo más tarde a una versión orquestal por Maurice Ravel y fue versionada con inclusión de voz cantada por Emerson, Lake & Palmer. En Paseo para títeres y orquesta recobra el piano un rol protagónico, sobre todo para dejar plantado el conocido tema central de la suite, pero en un entorno de fuertes acentos jazzísticos, con contrabajo, batería, flauta traversa y -en alternancia de matiz tanguero- un bandoneón.
El mismo músico, que busca recordar a su amigo pintor, inicia la serie de imágenes musicales desde el retablo. Un títere que lo representa hace sonar en solitario las teclas de un pequeño piano, como probando la secuencia de notas que armarán el tema. Lo retoma el piano real y echa a andar la obra musical.
Desfilan por el oído y a la vista en el retablo los cuadros del viejo castillo, los gnomos y sombras de los bosques, el andar campesino de una carreta de bueyes, un hombre rico y su contraparte, el hombre pobre, así como la bruja rusa Baba Yaga, para desembocar finalmente en la Puerta de Kiev. Suenan sus campanas, fusionando de manera fuerte la representación visual y la experiencia auditiva, vuelve una vez más el tema inicial. El paseo por los cuadros de la exposición encuentra su final con aires de ceremonia triunfal.
El inteligente armado escénico, de disponer la banda musical no a un costado, sino rodeando el retablo en geometría irregular, pierde algo de su eficacia por el escaso espacio que le queda a los titiriteros -y a los títeres-, al menos sobre el escenario de Café Vinilo. El mismo retablo y los muñecos que lo animan tienen una dimensión reducida frente a la presencia destacada de los músicos y sus instrumentos. El formato elegido, de un retablo conformado solo por un frente con ventana, se ajusta a la idea de la representación, como marco de las pinturas. Pero lleva al dúo de titiriteros que actúa a la vista a una exposición por momentos desprolija. Queda, sin embargo, para el espectador de toda edad anclada en la memoria la fusión entre las percepciones de retina y oído, esa particular sinestesia buscada por la partitura de Mussorgski.




