
Personaje rico en matices, inmerso en una trama débil
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"La Bernhardt", basado en "Memoir", de John Murrell, en traducción y adaptación de Dahil Mann. Intérpretes: Alicia Berdaxagar y Jorge Suárez. Vestuario y escenografía: Graciela Galán. Iluminación: Ernesto Diz. Dirección: Eduardo Gondell. Duración: 70 minutos. En Multiteatro.
Nuestra opinión: bueno.
Grandes divas y divos de la escena brillan por sus propios méritos en el firmamento del teatro mundial. Sería extenso de enumerar la larga lista de intérpretes que se merecieron un lugar. Una de ellas fue Sarah Bernhardt, una renombrada actriz que llegó a convertirse en un paradigma que trascendió su vida y su arte.
También como corresponde a toda diva, su arte fue acompañado por ciertas extravagancias y excentricidades propias de esta categoría.
Para conocer aspectos personales de la vida de la famosa actriz francesa, John Murrel elabora una interesante estructura teatral. La protagonista se presenta en la última etapa de su vida, secundada por George Pitou, su secretario. Quiere escribir sus memorias para contar su pasado. Pero, para escapar del discurso narrativo, el autor coloca al personaje secundario como un comodín que se transforma en otros personajes para elaborar el diálogo dramático.
De esta manera nos presenta a la actriz frente a su madre, una cotizada prostituta; a su hermana, alcohólica; al empresario de giras, al médico que le amputó la pierna, a sus amantes, a los famosos de su época, como Oscar Wilde, príncipes y reyes.
Todo un recorrido por los momentos más importantes de su vida, que, a su vez, subraya el carácter de la actriz: déspota, calculadora, vanidosa, intrigante, vulnerable y soberbia.
Resulta un atractivo acercamiento a los sentimientos y a los pensamientos de una mujer aferrada a la necesidad de ser halagada, resistiéndose a perder, más allá de los achaques de su edad, los privilegios de una posición encumbrada.
Falta de tensión
Y con este planteo, la propuesta tiene un interesante punto de partida. Pero la suma de estos diferentes racontos no alcanza para suplir la deficiencia del conflicto dramático. En consecuencia, toda la obra transita sin grados de tensión, sin un crecimiento dramático. En este sentido, no ayuda la puesta de Eduardo Gondell al perder el ritmo de las situaciones, que por momentos se dilata con los desplazamientos de los protagonistas.
La acción transcurre en un jardín y la escenografía, atractiva en su concepción, resulta un aporte decorativo y no encuentra un sólido respaldo en la iluminación, al no generar el clima que revela la temperatura exterior, ni los estados anímicos de la protagonista.
El sostén de la pieza está en los intérpretes. Alicia Berdaxagar despliega una gama notable de sutilezas para darle una convincente carnadura a su personaje y demuestra una increíble ductilidad para exponer todas las facetas de la complicada personalidad de la Bernhardt.
Jorge Suárez, por su parte, compone un conmovedor secretario que duda entre la veneración por la actriz y su propio orgullo, al mismo tiempo que resuelve con eficacia los diferentes personajes que debe jugar.
De esta manera, Sarah Bernhardt se da a conocer en la indiscreta intimidad de sus confesiones, pero faltó aquello que ella siempre necesitó en su arte: un potente conflicto dramático.




