
Pertenecer o no, ésa es la cuestión
Antes, una reflexión sobre los grupos
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A los doce años, Pablo Messiez cursaba el séptimo grado de un colegio estatal del Gran Buenos Aires. Un día, una profesora le dio a leer una nota de una revista de divulgación científica. El artículo decía que una manera de volverse inmortal era permanecer en el recuerdo de los otros. El comentario le pegó. Y como pensó que estaba bueno eso de permanecer en el recuerdo de seres anónimos, se anotó en un curso de teatro. Ahora, después de trabajar en prestigiosos montajes de la escena oficial y alternativa y de convertirse en uno de los jóvenes actores más solventes se manda otro cambio: con Antes , el trabajo que estrenará mañana, hará su primera experiencia como director y dramaturgo.
-¿Cómo fue ese paso?
-Hace un tiempo leí una novela de Carson McCullers en la que una chica de 12 años está muy preocupada porque no tiene ningún grupo de pertenencia. Esa idea me quedó dando vueltas. Entonces me pareció que estaba bueno hablar de la necesidad de tener un grupo con el cual compartir un idioma, un código, un lenguaje.
Y como Pablo Messiez tiene un grupo de amigos actores (Diego Gentile, Javier Rodríguez y Lorena Romanín) con los que se junta una vez por semana a ver tele, les propuso hablar escénicamente sobre esa necesidad de crear ese "nosotros". La cosa abrochó. Así fue como pasó de la actuación a concretar su primer trabajo como director y autor. "Al principio me daba como pánico, pero con este material sentí que podía. Y acá estamos", confiesa.
Parece ser que de movida no tuvo muchas posibilidades de andar con vueltas. "Fue muy enfática la manera que tuvieron de decirme que sí -asegura-. A Javier Rodríguez ya lo había dirigido en un corto que nunca terminé de editar (tengo un problema con terminar las cosas...); por eso pensé que me iba a matar si le decía de trabajar juntos. Sin embargo, renovó su confianza."
El proceso de ensayo fue bastante fluido. "No recuerdo una gran crisis", repasa. Tampoco sintió que haya repetido ejercicios o consignas que alguna vez había trabajado con Juan Carlos Gené, Cristina Banegas o Ricardo Bartís, sus maestros. "Sí, siempre tuve en claro que quería pasarla bien. Porque muchas veces me pasó de estar ensayando un trabajo en el cual no había plata y la estaba pasando mal. Eso siempre me pareció absurdo. Por eso estuve muy atento a que el encuentro entre nosotros fuera algo festivo. La idea de artistas sufriendo no me daba ganas."
De Beckett a Björk
El debut actoral de Pablo Messiez fue en Esperando a Godot , aquella recordada puesta de Leonor Manso con Pompeyo Audivert, Patricio Contreras y Alicia Berdaxagar. En aquellos momentos, era tan fan de Beckett como ahora lo es de Björk ("ella es lo más", dice). Apenas supo que se estaba ensayando la obra encaró a Leonor Manso porque sí o sí quería hacer el personaje de El mensajero. Para convencerla fue a la entrevista con las fotos que se había sacado en la tumba de Beckett, que está en Montparnasse. "En vez de sacarme una foto en la tumba de Jim Morrison tengo la de Beckett. Morrison me deprimía un poco. Beckett también, pero de una manera linda ", cuenta este excelente actor.
Así comenzó su carrera y a partir de ese momento encaró una ruta que incluye Badulaque , de Drut; El siglo de oro del peronismo y Enrique IV , de Szuchmacher, y Un hombre que se ahoga , de Veronese; entre otros trabajos. "Tuve mucha suerte", dice como si no tuviera nada que ver con el tema.
-¿Sólo suerte?
-Mirá, yo creo mucho en la suerte. En ese sentido, me encantó Match point . Eso de ver dónde cae la pelotita es así... Después viene lo otro, claro, y ese otro tiene que darse con un deseo muy fuerte. Si alguna de las dos cosas falta, no pasa nada.
Y como la pelotita cayó del lado correcto, ahora mismo Pablo está en Nueva York porque integra el elenco de Un hombre que se ahoga, el Chejov de Veronese que luego hará dos meses de temporada en España .
Claro que antes de toda esa movida está Antes, la obra que va en El Camarín de las Musas en la que tres amigos recrean otra historia de una adolescente preocupada porque siente que la pelolita cayó del otro lado.





