
Pichón Baldinu y su escuela de vuelo
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NUEVA YORK.- Más complicado que lanzarse por los aires con arneses y sogas, al elenco del musical "Tarzán" le resulta pronunciar el nombre del argentino que les enseñó a volar. Por más que él se esfuerza y lo repite una y otra vez, en el teatro Richard Rodgers de Manhattan a Pichón Baldinu todo el mundo lo llama "Pishón", dándole un afrancesado exotismo.
"No hay caso, no entienden. Pero lo que me importa es que entiendan bien el lenguaje aéreo", señaló a LA NACION Alejandro Baldinu, encargado del diseño aéreo del nuevo musical de Disney sobre la leyenda del hombre mono.
Y ese lenguaje lo han aprendido bien, sobre todo después de que en 1998 Baldinu -creador del grupo De la Guarda- presentó con gran éxito en esta ciudad su espectáculo "Villa Villa", donde los actores-acróbatas surcaban vertiginosamente el espacio encima del público, suspendidos por cuerdas. El show se volvió tan popular que De la Guarda tuvo que entrenar a una troupe de actores locales para dejar montado aquí el espectáculo en un teatro de Union Square, donde permaneció durante casi siete años. Fue gracias a "Villa Villa" que en 2004 el productor de "Tarzán", Thomas Schumacher, tuvo la idea de contactar a Baldinu para que lo asesorase sobre cómo lograr que Tarzán y sus monos pudieran saltar, columpiarse entre lianas y bailar suspendidos del techo de una sala de Broadway. Entusiasmado, el hombre viajó a Buenos Aires y hasta alquiló un viejo teatro en La Boca para probar algunas escenas de vuelo.
"Ellos ya habían incursionado por distintos caminos con respecto al lenguaje aéreo, pero Schumacher sentía que lo que había visto en nuestro show tenía un componente muy atractivo y se preguntaba si eso podía ocurrir dentro de un musical", contó Baldinu, de 40 años, que lleva los últimos cinco meses y medio instalado en Nueva York para el montaje de la obra. "Para mí fue entrar en un mundo totalmente distinto; nunca me interesó siquiera la comedia musical, pero me pareció un buen momento para probar algo distinto -agregó-. Y me dieron mucho espacio para experimentar y desarrollar."
Luego vino un largo proceso de audiciones e instrucción, ya en Nueva York, que se vio facilitado porque varios de los ex miembros de la troupe norteamericana de De la Guarda se sumaron al proyecto. Lo más difícil fue acondicionar la casi centenaria infraestructura del teatro Richard Rodgers al moderno sistema de poleas, motores y correas que era necesario para crear los efectos especiales que involucran toda la sala.
Al principio Baldinu temía que trabajar para una compañía tan grande como Disney y para una producción tan cara fuera a chocar con la forma en que estaba acostumbrado a desarrollar sus espectáculos. "Siempre tuve una imagen de Disney como de un monstruo gigantesco del entretenimiento, pero trabajando desde dentro es muy distinto -dijo-. Tenés la sensación de un equipo creativo muy chico; tiene una cocina casera, aunque estás trabajando con todos elementos de primer nivel. En mi caso con motores, sogas, programación y sistemas de vuelo de última tecnología; es como estar trabajando en la Fórmula Uno."
De todas maneras, sus principales asesoras y críticas fueron su esposa, Gabriella, y sus hijas Agustina, 18, y Clara, 8, que vinieron regularmente a verlo y seguir de cerca el proceso creativo. La experiencia también lo llevó a trabajar en el mismo escenario con Phil Collins, encargado de componer las canciones del musical. "El tipo labura duro, está ahí permanentemente, no es de los que te manda los temas por Internet. Es un chabón que está pendiente de cómo se cantan sus canciones y de quién las canta; participó del casting y de todo el resto", contó. Ahora que la obra ya se estrenó y está caminando -o volando- sola, Baldinu regresará en los próximos días a Buenos Aires, desde donde con su equipo administrativo maneja las giras de De la Guarda. Vienen de estar en España, Grecia, Turquía y Colombia, y en junio realizarán varios shows en México, antes de ponerse a planificar otro espectáculo.





