
Poe, el poeta destruido por el sistema social
A 35 años de su estreno, el director Raúl Brambilla rescata la vigencia de "Israfel", drama basado en lo político y lo cultural
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La entrevista con Raúl Brambilla, director del Teatro Cervantes, es a las 20. El requerimiento periodístico, en esta oportunidad, no involucraba a la única sala nacional del país, siempre abatida por la falta de presupuesto, sino al propio Brambilla, responsable de la nueva versión de "Israfel", de Abelardo Castillo, que se estrenará mañana en el Cervantes.
Después de diez horas de trabajo, era presumible encontrar a un hombre cansado por la ardua actividad que demanda poder sostener el desarrollo normal de una institución de esta envergadura. No fue así. Por el contrario, en esos instantes previos al ensayo se mostró distendido.
"Noto que los ensayos me hacen bien -explica-. A veces, como funcionario, termino cansadísimo y creo que no voy a poder continuar. Pero subo al noveno piso, donde realizamos los ensayos, y a la media hora soy otra persona."
En realidad, se muestra relajado porque ésta es la tercera vez que encara esta pieza de Abelardo Castillo.
"Siempre hay preocupación, pero en esta oportunidad es doble: por la puesta en sí misma y porque quiero que funcione para el Cervantes. Le tengo confianza, porque es una pieza que ya monté y fue probada. En esta oportunidad, el trabajo fundamental fue con los actores, la puesta ya estaba concebida. Si no, no hubiera podido hacerla."
Brambilla puso "Israfel" en Caracas, en 1994 -aclara que es parecida, pero no igual-, y en Córdoba, en 1997.
La conversación se interrumpe ante la llegada de Rubén Stella, el protagonista de la pieza, que carga con el plus de la estupenda interpretación de Alfredo Alcón hace 35 años y que aún se recuerda. "La obra ha sido muy consagratoria para Alfredo y eclipsó cualquier nueva puesta. Me parece que Alfredo,en teatro, no había hecho un éxito personal hasta "Israfel". Claro que también es una obra que tiene una gran mística. Es muy emblemático para un actor argentino hacer este personaje. En lo personal, tiene que ver con mi deseo original de ser actor. Lo recuerdo perfectamente. Cuando vi "Israfel" por TV, me encerré en el baño para hacer caras frente al espejo porque me había conmovido."
"Esta puesta tiene que ver con los espejos -aclara Brambilla-, con el juego del doble. Es un diálogo de Poe en la última noche de su vida, con su memoria y sus fantasmas, y constantemente hay un espejo."
"He sido un apasionado de Poe -continúa Stella- como todo buen adolescente, porque parece que se da en esa época. Lo digo porque mi hija mayor, de 18 años, ya leyó todo Poe. En estos momentos, todo se combinó: trabajar con Raúl, la propuesta, el paradigma del personaje y articularlo con su poética, poner este mundo que Poe desarrollaba en su narrativa, buscarse y desencontrarse a sí mismo en el fondo de los espejos."
"Es caminar con el fantasma, con la necesidad, con la pobreza, con el fracaso y con el reconocimiento", afirma Brambilla.
"Me parece que en la obra -agrega Stella- está muy marcado el reconocimiento propio. No arbitrariamente, en el comienzo de un monólogo, el personaje dice: yo soy Edgar Poe."
"Es el tema de identidad para nosotros -interrumpe Brambilla con énfasis-. América latina hoy es más América latina que nunca. Es así y creo que es un tema que debemos enfrentar definitivamente. La globalización empuja esto hasta el límite. Hoy, ¿dónde está ubicada la Argentina? ¿Limita con Suiza, Austria? ¿O con Chile, Bolivia, Paraguay?"
"Es como dice una de las frases de la pieza -recuerda Stella- : "Mira cómo la persiguen. Todas las razas del mundo detrás de una moneda. Sólo ha quedado el dólar". Y esto está escrito en 1966." "La realidad lo supera a Abelardo -dice Brambilla sonriendo-. Hoy, la pieza tiene una lectura cada vez más enriquecida. Creo de ahí viene la reflexión que uno debe hacer sobre una obra de arte establecida en un momento: que te obligue, 40 años después, a pensar cuáles son los parámetros con los que esa obra se establece hoy. Lo que le da el carácter de clásico es que al leerla hoy está redimensionada. Si la hubiera escrito ayer no tendría el valor que tiene habiendo sido escrita hace 40 años. El Poe de hoy es cualquier ser humano inserto en un sistema en el que no puede sobrevivir."
"No corresponde a un personaje -le retruca Stella- sino a una generación que soñó y no pudo. No la dejaron."
"Tenés razón -agrega Brambilla-. Soñó con armas leales, con hacer lo que él podía hacer."
"Poe es hoy el personaje que puede representar a esa generación -continúa Stella-, que soñó un mundo distinto y después se lo sacaron. Los años 1965 y 1966 son la piedra angular del proceso de los 70."
"1966, 1973, 1976 fueron las rupturas de los sueños -retoma Brambilla-. Este tipo de personaje tan emblemático, ¿qué posibilidad tiene hoy de sobrevivir, de plantear su sueño? Yo puedo ser un miserable fracasado o un escritor genial. Depende del contexto y la contención que encuentre alrededor mío socialmente. Puedo terminar como un pordiosero en una cloaca, como murió Poe, o ser realmente una gloria en vida, respetado, reconocido, que tiene que pelear con sus fantasmas, es cierto, pero es un problema de cada artista. Pero no es lo mismo pelear con tus fantasmas dentro de un contexto que te contiene frente a otro que no. Puede ser el artista más grande del mundo, pero necesita comer y dar de comer a los suyos."
"Se glorifica la mediocridad, no el talento -reflexiona Stella-. Y para ejemplo está la TV. El sueño de alguna gente es entrar en "Gran Hermano", no hacer "Alta comedia"..."
"Se trata de la dignidad de un artista -sintetiza Brambilla-. Por eso Castillo eligió a Poe."
El artista y su contexto
"En este momento -dice Stella- también aparece, como emblemático, otro personaje de las mismas características, un poco menos conocido y más difícil de llevar a la ficción, que es Van Gogh. Son personajes que no pudieron consolidarse en medio de una realidad que los ha combatido permanentemente. También ellos tuvieron características especiales para que la realidad les pegara, pero hay otros que pudieron sobrevivir, como Da Vinci, Miguel Angel y Galileo. Es cierto que estaban ubicados en otro tiempo, en otra historia, en otro país y en otra estructura sociopolítica."
"Por eso digo que depende del contexto", señala Brambilla.
"El riesgo es tomarlo como un personaje unilateral -dice Stella-: como decir que los artistas son todos loquitos. O que para ser un gran artista hay que ser un poco loquito, o drogarse, o ser borracho. Como dice Poe en la obra: "Mis amigos atribuyen la locura al alcoholismo y no el alcoholismo a la locura"".
"Pero afortunadamente -retoma Brambilla-, la obra es lo suficientemente inteligente para salirse del mundo íntimo de Poe y plantear constantemente la realidad social y política. Esta puesta pasa por ahí. Poe llega a un oscuro callejón sin salida, en medio de borrachos, prostitutas, maleantes, donde hay un candidato a senador recogiendo votos. Lo que hacen con Poe es sacarle el documento para que otro vote por él. A pesar de las situaciones, ésta es la realidad de la pieza; lo demás es memoria, fantasma, recuerdo, alucinación de Poe."
"Esta lectura de Raúl es notable -aprueba Stella-... Que ese mundo de fantasmas y realidad se plasme tan claramente..."
"Fue muy charlada con Abelardo... -explica Brambilla-, y también muy peleado."
El estreno en viernes 13 no deja de tener para el director una carga significativa que se refleja en el rostro.
"No lo digas así -le reprocha Stella-. Yo tengo tres hijos y los tres nacieron un día trece."
"Mi abuela nació un trece, mi mamá nació un trece y yo también -se disculpa Brambilla-. Además, un viernes 13 para Poe me parece ineludible."





