
Poemas en boca de alegres payasos
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" De viaje por Gloria Fuertes ." Espectáculo para niños, basado en los poemas de Gloria Fuertes. Dramaturgia y dirección: Marta Torres. Intérpretes: Oti Manzano y Jesús Blanco. Escenografía: Pepe Moreno. Vestuario y sombrerería: Lola Trives. Iluminación: Joseba García. Música: Antonio Cebrián. Entrenamiento de clown: Juan Berzal. Coreografía africana: Minata Traore. Asesoría en percusión africana: Kassoum Compaore. Hoy y mañana, a las 16, en el Teatro de la Comedia, Rodríguez Peña 1062 (4815- 5665). Entradas desde $ 8.
Compartir poesía con los niños no es fácil. Es necesario elegir y preparar ese momento en que un grupo de palabras que juegan con un ritmo, una música interior, encuentren el eco en la atención y la sensibilidad de los pequeños. Y la dificultad es mayor si esto se busca desde un escenario.
Al niño le interesan las historias, las cosas que les pasan a personajes que logran conquistar su afecto y simpatía. Esto es lo que parecen tener en cuenta la directora y los intérpretes de "De viaje por Gloria Fuertes".
Oti Manzano y Jesús Blanco crean dos payasos encantadores, traviesos, divertidos, que circulan por un extraño escenario donde se adivina un circo derruido, pero que sigue teniendo ganas de dar funciones; y tejen y destejen ocurrencias, aventuras de fantasía, pero, sobre todo, juegos basados indudablemente en los versos de la escritora madrileña.
Así pueden imaginarse viajando al Africa, atravesando desiertos, yendo a la escuela y jugando con letras y números, todo con traviesas escenas en que algún vestuario cambia, alguna mirada tierna se cruza e insinúa una relación. Todo con un buen ritmo.
Espectáculo amable
Aparte del impacto de la escenografía, extraña, provocadora para la imaginación y a la vez evidentemente muy funcional, el espectáculo es amable, sencillo, muy cuidado, acotado. Pasa libremente de la risa a la sonrisa; crea cierto suspenso (apoyado en las ocurrencias con que sorprenden los personajes) y se permite recitar poemas de la escritora para quien es, con toda evidencia, un claro homenaje. La ingenuidad desde la cual se comunican con su público lo hace apropiado para los más pequeños, desde los cinco años.
Al ingresar a la sala, los espectadores escuchan una música suave, y en el escenario, también con luces suaves, están los dos payasos trabajando, cosiendo vestuarios, arreglando objetos, como lo haría algún actor o actriz antes de una función de circo. En un momento dado muestran darse cuenta de que hay gente en la sala, y emocionados saludan: "¡Hola, público!".
Esta acción tan sencilla tiene una connotación muy interesante, porque además de recibir con simpatía a la platea, deja sentados los papeles de cada uno, con la sencilla denominación: "público". Le dicen de alguna manera a los chicos que ellos son los espectadores y se definen a sí mismos como actores: no hay demagogia ni exageradas dependencias.
Porque, de alguna manera, la función comenzó antes, cuando la gente se estaba ubicando, sería conveniente que la sala, al dar ingreso, advirtiera a los adultos sobre la necesidad de apagar teléfonos celulares y abstenerse de usarlos. Las llamadas de celulares en la sala quiebran climas y son una falta de respeto para los artistas y los niños. Lamentablemente, este hecho es frecuente, y en la función del sábado último fue especialmente molesto porque incluso se generaron llamadas desde la sala. Los artistas a veces hacen discretas bromas al respecto, pero lo correcto sería que esas interrupciones no ocurrieran.



