
Ramey, rey de los hunos
El bajo norteamericano representará el papel de Atila
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Con "Attila", el Teatro Colón se sumará desde pasado mañana a la conmemoración mundial del centenario de la muerte de Giuseppe Verdi. El teatro porteño ofrecerá, además de esta ópera temprana del compositor italiano, una nueva producción de su última creación, "Falstaff", para concluir el homenaje con su "Réquiem" para coro, orquesta y solistas vocales.
Fue para encarnar la piel del "rey de los hunos" que el notable bajo Samuel Ramey se quedó en Buenos Aires después de su brillante participación en la producción de la ópera de Stravinsky "The Rake´s Progress". En su tercera participación en el Colón, Ramey compartirá el escenario con el barítono italiano Roberto Servile, como el general romano Ezio; la soprano Andrea Gruber, como Dorabella, y el tenor Francisco Casanova, como Foresto. La dirección musical le corresponde a Edoardo Müller, mientras que la régie, escenografía e iluminación estarán a cargo del argentino Roberto Oswald. Participarán la Orquesta Estable y los coros Estable y de Niños (dirigidos por Vittorio Sicuri y Valdo Sciammarella, respectivamente).
Antes de ingresar en uno de los últimos ensayos, Samuel Ramey recibió a LA NACION en su camarín del Teatro Colón. Vestido con su habitual "uniforme" texano (nació en la ciudad de Colby, perteneciente a ese Estado norteamericano) que incluye botas de piel de serpiente, jean y una colorida camisa, su profunda y sonora voz y sus carcajadas retumban en la sala. Más allá de que, como ocurre con los intérpretes de su cuerda, la mayoría de los papeles que interpreta son representantes diabólicos y oscuros, es sin duda el malo más simpático de la ópera actual.
Alejado de todo divismo y siempre de buen humor, cuenta que está disfrutando de su estada de un mes en Buenos Aires y de poder representar dos de los papeles que más le gustan, el de Nick Shadow en "La carrera del libertino" y el del rey de los hunos, en "Attila".
Con respecto a la ópera de Stravinski, señala: "Fue un cast muy bueno, uno de los mejores en los que participé. Además, trabajar con Alfredo (Arias, régisseur de la puesta) siempre es muy interesante. Yo ya había trabajado con él en esta misma ópera en el Festival de Aix-en Provence, en Francia, así que sabía que iba a resultar algo bueno. Arias es un director con el que se hace muy fácil preparar una ópera, y esta producción fue muy encantadora".
Para su segunda visita a la Argentina, Ramey decidió hospedarse en un appart hotel céntrico junto con su novia, y, según cuenta, mantiene la misma rutina que en su hogar en Chicago. "Como los ensayos aquí son a partir de la tarde, si el día está bueno desayuno temprano y salimos a caminar, mucho, por las calles de la ciudad." Además de los ensayos, el resto del tiempo lo utiliza para preparar un nuevo papel: "Estoy estudiando también un poco porque estoy preparando un nuevo papel: "Billy Budd", de Benjamin Britten. Lo voy a hacer en Chicago en noviembre por primera vez". De todas formas, en cuanto al cuidado de su voz, Ramey confiesa: "Vocalizo un poco cada día, sólo para mantenerla flexible... Conozco mi voz muy bien, así que no tengo que trabajar demasiado en cuestiones técnicas a estas alturas".
-¿Atila es uno de sus papeles favoritos?
-Lo canté mucho en Europa y América; es uno de mis papeles favoritos, diría que es una de las marcas registradas en mi carrera. Es que me gusta mucho el Verdi temprano. Es música sofisticada, no tanto tal vez como las óperas posteriores, pero es muy italiana. Con respecto a Atila, no creo que los hunos hayan sido demasiado buena gente en la historia. Pero en la ópera, genera simpatía, porque reciben el complot de los otros protagonistas. ¡Al final la audiencia está casi del lado de Atila! (risas)
-¿Qué características musicales tiene la ópera?
-Todas las partes del Verdi de este período son difíciles porque están escritas en la parte alta del registro para todas las voces, algo que luego cambió. La parte de Atila es alta, tiene muchos fa. La parte de Dorabella es extremadamente difícil, como Nabucco, Lombardi, porque demandan flexibilidad y, al mismo tiempo, tienen que ser dramáticas. A la vez, la orquestación quizás esté más cerca del último Donizzetti y de Rossini que de sus obras posteriores.
-Siendo éste el Año Verdi imagino que habrá tenido mucho trabajo con este repertorio en todo el mundo.
-Para mí, como para muchos, sí. Casi toda mi agenda es Verdi. Comencé en Chicago con "Attila", en el Metropolitan hice "Nabucco", en Houston "Don Carlo", en San Francisco canté mi primer "Fiesco", en Simon Boccanegra, justo antes de venir, y luego en París también cantaré "Attila". Y en diciembre vuelvo al Met para "Don Carlo".
-¿Qué le gustaría cantar de Verdi que todavía no hizo?
-No canté todavía "Vespri", que lo voy a cantar en un par de años; "La Forza...", "Louisa Miller", cosas como ésas. Con respecto a "Falstaff", quizá lo haga alguna vez, no lo sé. La canté cuando estaba en la universidad, pero no sé, es un registro complicado para mí.
-¿El secreto para una larga carrera es aprender a decir que no a algunas óperas?
-Al principio de mi carrera dije que no a muchas ofertas, como a los papeles grandes de Verdi. En mi comienzo canté mucho Rossini, Mozart ("Don Giovanni" y "Bodas de Fígaro"), mucho bel canto, no tanto los papeles grandes de Verdi.
-¿Se debió a una cuestión técnica o de gustos?
-Fue más una cuestión de gusto, quería explorar ese repertorio primero. Además, en el caso de Verdi, en las óperas más célebres para mi cuerda se trata de papeles de personas mayores. Y cuando era joven pensé que serían partes que podría hacer cuando efectivamente fuera más grande.
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