
Redgrave: sensible, nunca sensiblero
Mientras su hija mayor, Vanessa, prosigue una carrera triunfal en teatro, cine y televisión -seguida de cerca por sus hermanos, Corin, el único varón, y la menor, Lyn-, el nombre del gran actor inglés Michael Redgrave (1908-95) se ha diluido en la memoria de los espectadores. Algunos cinéfilos recuerdan sus admirables interpretaciones en "La dama desaparece", de Alfred Hitchcock; en "Cuando cae la noche" (el episodio del ventrílocuo cuyo muñeco adquiere vida propia); y, sobre todo, en "The Browning Version" (aquí titulado "Odio que fue amor"), el film de Anthony Asquith, de 1951.
Acaba de aparecer en Gran Bretaña una biografía de Redgrave, "Secret Dreams", escrita por Alan Strachan, quien rescata aquellas y otras notables actuaciones, especialmente en teatro, y subraya el rasgo que distinguía a su biografiado: el uso magistral del "understatement". Término de difícil o imposible traducción, que define la capacidad de expresar sentimientos y reacciones, aun los más tempestuosos, con un mínimo de recursos, casi como restándoles importancia. "Ningún otro actor -sostiene Strachan-, ni Gielgud (a menudo demasiado lloroso), ni el felino Laurence Olivier, poseía esta cualidad de mostrar un súbito colapso emocional." Añade: "Sugiere humillación, ira y fracaso, sin caer en la sensiblería".
Fuera del escenario, Redgrave tenía una excesiva inclinación por el alcohol, acentuadas sus consecuencias en los últimos años por el comienzo del mal de Parkinson. Aunque felizmente casado con su colega Rachel Kemp durante casi medio siglo, fue al mismo tiempo activa y promiscuamente homosexual. Su mujer lo sabía y se mostraba comprensiva; curiosamente, parece haber ignorado el otro gran amor en la vida de su marido, antes de casarse: la famosa actriz Edith Evans. Strachan no emite ninguna condena, se limita a observar que esta naturaleza dividida, esta existencia doble, era esencial para "el sistema nervioso y la identidad creativa" del actor. De paso, recuerda una salida del viperino Noël Coward, quien al ver los afiches del film de 1955 "The Sea Shall Not Have Them" ("El mar no los poseerá"), protagonizado por Redgrave y Dirk Bogarde, comentó: "No sé por qué no, si todo el mundo ha podido hacerlo".
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Redgrave era estudioso, sensible y culto. Su adaptación teatral de "Los papeles de Aspern", de Henry James, es considerada un modelo en su género; y su novela, "The Mountebank´s Tale", de 1958, estimada uno de los mejores libros jamás escritos por un actor. Su infancia fue triste: nació en un camión durante una gira de sus padres, un vociferante histrión llamado Roy Redgrave, y una actriz mediocre, Daisy Scudamore. Mientras deambulaban por Australia, Roy abandonó a su familia y Daisy se volvió a casar con un próspero comerciante en caucho y tabaco. A los dos años de edad, de vuelta en Melbourne, Michael subió por primera vez a un escenario; y en 1921, pasó un verano en Stratford-upon-Avon con su madre, quien era tan sólo una figurante en la escena de la coronación del "Enrique IV, segunda parte", de Shakespeare.
Strachan pinta el retrato de un hombre encantador, esencialmente débil de carácter, pero dueño de una sensibilidad y una cultura excepcionales. Junto a Olivier, Richardson y Gielgud, componía el Olimpo de los grandes actores ingleses desde los años 20 del siglo pasado hasta hace relativamente poco, cuando fallecieron. La última interpretación de Redgrave fue en el National Theatre, en 1979, en "Close of Play", de Simon Gray, donde justamente a él le tocaba, después de actuar sin palabras (su personaje había quedado mudo por una hemiplejia), decir la frase final: "La puerta se ha abierto".





