Renovada versión de "Las de Barranco"
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"Las de Barranco" , de Gregorio de Laferrère. Intérpretes: Alicia Berdaxagar, Paula Canals, Stella Galazzi, Verónica Piaggio, Victoria Carreras, Paulo Brunetti, Néstor Ducó, Lucrecia Blanco, Juan Palomino, Ricardo Talesnik, Tony Vilas, Adrián Porra, Chela Cardalda, Martín Santa Ana y Pablo Bellocchio. Música original: Nicolás Diab. Iluminación: Leandra Rodríguez e Ignacio Riveros. Escenografía y vestuario: Guillermo de la Torre. Asistente de dirección: Dora Milea. Adaptación y dirección: Oscar Barney Finn. En el Teatro Nacional Cervantes.
Una de las obras más destacadas de la producción de Gregorio de Laferrère, "Las de Barranco", llega al escenario mayor del Teatro Nacional Cervantes con una adaptación que revé la obra de manera reveladora y posibilita al espectador reconocer con mayor fuerza la decadencia de una parte de la sociedad argentina, en un tiempo particular, plagado de contradicciones.
El texto original se estrenó en 1908, pero el adaptador y director Oscar Barney Finn decidió trasladar la acción a 1910. Entonces, en plenos festejos por el centenario de la Revolución de Mayo, varias son las realidades que se cruzan en aquella Buenos Aires en la que, además, diferentes corrientes inmigratorias van cambiándole la cara a la sociedad.
Se conmemoran 100 años de la Revolución de Mayo, pero hay estado de sitio; el anarquismo va consolidándose como movimiento y algunas familias, que hasta entonces se sostenían por haber sido descendientes de los militares que lucharon por el país, ingresan en una fuerte crisis económica y también moral. Es el caso de las Barranco.
En escena, el jefe de la familia ha muerto y sólo la madre, María Barranco, hace frente a la vida. Carga con tres hijas que no fueron educadas más que para transitarla sin otra expectativa que encontrar un hombre que las libere de la familia y les posibilite un status dentro de un ámbito social que las reconozca como "mujeres de bien".
El patetismo que domina la realidad de esta familia es muy impresionante. Ninguna de las tres hijas es capaz de sobreponerse al destino que han elegido. La madre casadera utiliza sobre todo a Carmen, la hija mayor, la más bella, para solucionar sus problemas económicos, y desata un juego de inmoralidad que terminará desencadenando un drama de ribetes inesperados. Aturdida por el fantasma de su esposo, al que reprocha por haberla dejado en esa situación, María Barranco termina descubriendo que su hija mayor se escapa con un periodista anarquista, que se queda sin inquilinos que la ayuden a sostenerse económicamente, al mismo tiempo que su casa se desmantela.
El espectáculo no hace más que señalar cómo la decadencia de la política argentina atraviesa las costumbres argentinas. Mientras la infanta Isabel pasea por las calles de Buenos Aires, en el interior de muchos hogares la degradación es grande. Quizá para respirar un poco mejor sea necesario salir al balcón y ver ese otro mundo que está de fiesta, pero que no deja de ser patético por irresponsable.
Valiosos trabajos
Esta nueva mirada sobre "Las de Barranco" vitaliza mucho la pieza. Oscar Barney Finn además aporta perfiles muy intensos a cada personaje y consigue fortalecer un montaje de ritmo seguro, en el que cada intérprete, de un elenco sumamente homogéneo y muy destacable, consigue definir con intensidad su papel específico. En esos cruces de relaciones queda muy claro también el mundo social que define a aquella Argentina: mujeres que luchan por ocupar un lugar en el espacio público, anarquistas que trabajan en las sombras, jóvenes profesionales que buscan en el amor la completud personal, inmigrantes ventajistas y sobre todo -quizá lo que después devendrá casi en herencia- seres desprotegidos, sin ambición y, lo que es peor, sin futuro.
Como María Barranco, Alicia Berdaxagar se destaca con maestría. Trabaja sobre algunos costados muy impuros de un ser humano: es intrigante, mentirosa, desconfiada, perversa y hasta mala madre. Pero, como buena actriz, sabe que cada uno de esos condimentos dan forma a un personaje enajenado por circunstancias particulares. Y son esas circunstancias las que transita a veces con gracia, otras con humor, colocándose a un costado, para llegar a un final inquietante y de fuerte dramaticidad.
La escenografía de Guillermo de la Torre engrandece el drama. Paredes altas, como las de una fortaleza, rodean el espacio de tránsito de los personajes que, como ellos, está vacío de algún valor que demuestre riqueza. En el fondo, el gran balcón marca el tiempo de otra realidad.
El espectáculo trasciende mucha verdad. Seguramente porque cada situación está construida a través de un juego sensible que impone respeto y a la vez dolor por ese fragmento de país que, si bien es lejano en el tiempo de la representación, no lo es tanto en nuestra cotidianidad.



