Revelación, una epopeya musical: inteligente metáfora donde reflejarnos
Una pieza ganadora del concurso Cenatem sobre unas aventuras en un barco en el que su capitán cambia permanentemente
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Libro y dirección: Gonzalo Rivarola y Sol Rieznik Aguiar. Música y letras: Nahuel Morfeo. Director musical y vocal: Marco Michienzi. Intérpretes: Nicolás Cúcaro, Renzo Morelli, Camila Ballarini, Nicolás Quaglini, Pablo Conca, Nicolás Manasseri, Sabrina Di Costanzo, Ramiro Gelvez, Facundo Rau y Milagros Fabián. Músicos: Miguel Octavio Luna, Matías Tamborelli y Federico Accorinti. Coreografías: Pamela Peker. Escenografía: Guadalupe Borrajo. Vestuario: Romina Ivanoff. Iluminación: Nicolás Pol. Sala: Siranush, Armenia 1353. Funciones: lunes, a las 21. Duración: 90 minutos.
La idea de esta obra (ganadora del certamen nacional de Teatro Musical Cenatem, que en 2020 entregaron en conjunto la Fundación Premios Hugo y Rimas Producciones) es original y ambiciosa: parte de un episodio canónico del Nuevo Testamento, titulado “Apocalipsis”, para relacionarlo con situaciones propias de nuestra idiosincrasia. Gracias a la imaginación de los autores los relatos bíblicos encuentran un correlato en distintas instancias de la historia argentina y en los dramas que en ella anidan: las luchas de poder cíclicas, los personalismos, las grietas y la falta de memoria, por citar sólo algunos. El objetivo sería remontarse a la fábula más antigua del mundo –plena de ejemplos de conflictos terrenales– para identificar nuestros errores con el fin de no volver a repetirlos.
¿Y cómo se traduce eso en el escenario? A través de una historia que abreva más en el género de aventuras y de acción que en el religioso: la del navío Armagedón y su tripulación, que ingresan en la corriente Omega rumbo al fin del mundo (¿o hacia ningún destino?) y que cambian paulatinamente de capitán ante la menor de las dificultades. “¿Existe realmente un ídolo que los pueda salvar y llevar a buen puerto?”, se preguntan. Tal vez deban aprender a confiar en ellos mismos y a no depender de la manipulación, del poder de “revelación” y de los designios ajenos.
Pese a la seriedad del tema, la saga tiene mucho humor y da pie a cuadros musicales muy bien coreografiados y cantados, a cargo de un talentoso elenco joven que ya forma parte de la renovación del género. Sólo sería deseable que omitan el exceso de gritos a la hora de los diálogos (que los vuelve inentendibles), una lamentable constante en el nuevo teatro musical local.
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