Sanchís Sinisterra, con dos personajes perdidos en el espacio
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"Perdida en los Apalaches" de José Sanchís Sinisterra. Intérpretes: Gerardo Baamonde, Susana Pampín y Jorge Marcucci. Dirección: Héctor Malamud. Coproducción del Teatro Nacional Cervantes y el Centro Cultural de España. En el Cervantes.
Nuestra opinión: bueno.
Sanchís Sinisterra es uno de los intelectuales más fuertes del teatro español contemporáneo. Su producción autoral comienza en los años 60, pero en verdad su trabajo adquiere más fuerza en los 80. Su experiencia con el Teatro Fronterizo y su gestión al frente de la sala Beckett, de Barcelona, le dan una gran trascendencia, a la vez que su actividad como maestro abre las puertas del teatro español a un sinnúmero de autores nuevos y muy destacados, por cierto.
En Buenos Aires se estrenaron "Ñaque o de piojos y actores", "¡Ay, Carmela!" (una de sus piezas más emblemáticas) y actualmente se representa "El cerco de Leningrado".
"Perdida en los Apalaches" resulta un texto extraño dentro de su producción. Podría decirse que se trata de un juego formal en el que el autor decide dejar de lado una estructura dramática tradicional. Su obra está muy apoyada en un juego de actores a los que él irá trastrocándoles el tiempo y el espacio, para así forzarlos a desplegar una mayor capacidad lúdica. El material es muy atractivo, sobre todo por los quiebres que propone, pero esa trama de enredos que aparece no termina de ser lo suficientemente potente desde el punto de vista dramático. Su efectividad se resiente porque no encuentra un cauce delirante para poder desarrollarse.
La dimensión desconocida
Una docente que trabaja en los Estados Unidos llega a dictar una conferencia sobre la relación espacio-tiempo y, a poco de empezar cae en una dimensión muy extraña, que terminará compartiendo con otro personaje. Los relatos de uno y otro irán cruzándose y esto obliga al espectador a poner una atención especial. Finalmente, una especie de moderador propondrá un orden. El trabajo que dirige Héctor Malamud apuesta al absurdo y el texto adquiere un ritmo interesante, que permite a los actores ocupar el centro de la escena con fuerza. Por su parte, los intérpretes (Susana Pampín, Gerardo Baamonde y Jorge Marcucci) crean unas criaturas intensas en cuanto a personalidades, asoman ricos matices en cada uno y además los tres poseen una sensibilidad muy ligada con la ingenuidad. Son como tontos muy queribles a los que la ciencia y el arte atraviesan para mostrarles otra verdad.
El espectáculo -un semimontado- es simple en su diseño y posibilita tomar contacto con otro Sanchís Sinisterra, alguien que se anima a jugar con sus palabras y sus personajes.






