
Se otorgaron los María Guerrero
Festejo algo frío en su 21a. entrega
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Hace veinte años, la Asociación de Amigos del Teatro Nacional Cervantes creó uno de los premios más prestigiosos de la escena local: el María Guerrero, en homenaje a la actriz española que hizo construir ese teatro hace 85 años.
La edición 2005 llegó con mucha austeridad, ausencia de ganadores y algo de frialdad. Resulta llamativo cómo una estatuilla tan codiciada y valorada sea recibida con bastante indiferencia por el ambiente artístico. La entrega se realizó anteayer, a las 19.30, en la sala María Guerrero, con algunas butacas vacías y el pullman con muchísimo lugar disponible.
Quedó demostrado que si no hay cena y muchas cámaras, son pocos los interesados en asistir a estos eventos. Entre los pocos artistas que acudieron estuvieron Jorge Luz, Alejandro Tantanián, Claudio García Satur, Diana Ingro, Héctor Gióvine, Julieta Díaz, Sergio Surraco, Horacio Dener, Ricardo Halac, Francisco Cocuzza, Omar Pacheco, Roxana Berco, Roxana Randón, María Figueras, Paulo Brunetti, Baltasar Jaramillo, Santiago Doria e Hilario Quinteros. Además, de Maximiliano Guerra, que interpretó Suite de tango, junto a Patricia Baca Urquiza y Victoria Vera Balvidare.
La ceremonia fue conducida por un entusiasta Miguel Habud y tuvo los discursos obligados sobre el comienzo. El director general del teatro, Alejandro Samek, estuvo ausente "por enfermedad", por lo tanto, su lugar retórico lo ocupó el crítico y periodista Luis Mazas, coordinador del jurado de los premios. También dirigió unas palabras Antonio Prats Marí, agregado cultural de la embajada de España, responsable de la confección de estatuillas, que se refirió a la "estrecha" relación cultural entre España y la Argentina. Entretanto, Norma Duek, presidenta de la Asociación Amigos del teatro, dio todas las explicaciones pertinentes sobre todo aquello que no se puede arreglar en el teatro. "Hicimos todo lo que pudimos", dijo.
Primero se otorgaron las menciones especiales a Blanca Lozano y Federico Rodríguez Salcedo, por su excelencia en la atención y en la organización de la biblioteca de Argentores; al Teatro Argentino de Cámara, del Teatro El Convento; y al Teatro del Pueblo, en su 75° aniversario. Roberto Perinelli tomó el micrófono y realizó un pedido para que se dicte la ley de los teatros independientes. "Son 168 los teatros que contribuyen mucho para la difusión de nuestro teatro en Buenos Aires. esperamos que la resolución sea rápida", dijo.
Luego siguió uno de los pocos momentos emocionantes de la jornada: el premio estímulo que se le otorgó a Celeste García Satur, por su actuación en Argumento para una novela corta. La joven actriz se quebró cuando le dedicó el premio a su hermana, a quien abrazó apenas bajó del escenario. Nahuel Pérez Biscayart fue mucho más escueto e irónico, al recibir el suyo.
Luego, Tina Helba subió a homenajear con extensas biografías a algunas figuras fallecidas este año: Lydé Lisant, Alejandra Boero, Juan José Bertonasco, Aída Luz, Nelly Meden, Márgara Alonso, Hilda Suárez y Menchu Quesada. Algunos nombres quedaron en el olvido, como el de Ana María Campoy.
¿Y los premiados?
El primer rubro anunciado fue Mejor Escenografía. Los nominados eran Jorge Ferrari, Norberto Laino, Marcelo Valiente y Eugenio Zanetti. Ganó este último, por su trabajo en 20.25, pero como no vive en Buenos Aires, la estatuilla no se movió del teatro.
El siguiente fue Mejor Autor. Los candidatos: Jorge Goldenberg, Susana Torres Molina y Mario Diament. Por su Cita a ciegas ganó este último, que tampoco pudo recibirlo porque está en Miami. Por lo menos, lo retiró Carlos Ianni, director de la obra.
Llegó el turno del Mejor Director. Rubén Szuchmacher y Claudio Tolcachir estaban en la sala. Pero lo ganó Daniel Veronese, por El método Gronholm y En auto. Sólo que no pudo concurrir porque estaba ensayando, así que su premio fue retirado por María Figueras.
¿Mejor Actor? Eran cuatro los candidatos: Alfredo Alcón, Julio Chávez, Pepe Soriano y Víctor Hugo Vieyra. Ganó Pepe Soriano que, como todos saben, está internado. Así que Santiago Doria, director de Visitando al señor Green, fue quien lo recibió.
Qué suerte que estaba Elena Tasisto en la platea y que pudo subir a recibir su premio como Mejor Actriz, rubro que compartía con Adriana Aizenberg y Leonor Manso.
Hubo dos premios especiales a la trayectoria: a Lydé Lisant, fallecida recientemente, y a Alfredo Alcón, que lo aceptó con unas palabras que se volvieron el mejor broche de oro para una noche un poco fría para tanto teatro.


