
Sensibilidad y plenitud
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"Novecento" de Alessandro Baricco. Intérprete: Jorge Suárez. Dirección: Francisco Javier. Teatro Patio de Actores (Lerma 568). Funciones: lunes a las 21. Estreno: 14 de abril.
Nuestra opinión: muy bueno
Desde hace unos años en ciertos círculos muy pequeños de amigos se viene hablando de "Seda" (1996), una pequeña novela del italiano Alessandro Baricco, pero cuya historia de amor es de una enorme grandeza. Descubrir la obra narrativa de este creador es casi fascinante y sobre todo si esas narraciones se reconocen entre personas próximas porque eso les aporta hasta cierta magia. "Tierra de cristal" (1991) u "Océano mar" (1993) escapan de cierta formalidad común a los relatos contemporáneos para proponerle al lector historias extremadamente sensibles. Entrar en el mundo de Baricco es disponerse a la emoción más pura. Sólo en "City" (1999) el autor parecería salir de su mundo interno para mostrar a criaturas más actuales. Sus personajes aquí no son producto tanto de su imaginación, sino que los toma de una ciudad convulsionada y los cobija y los da a conocer atravesándolos con su experiencia personal.
Para la escena, Baricco escribió "Novecento" (la trama dio origen también a la película "El pianista sobre el océano"), un monólogo de enorme fuerza dramática que cuenta la historia del pianista Danny Boodman T. D. Lemon Novecento, un ser tan especial que se torna inmensamente entrañable. Nació en un barco y se supone que sus padres inmigrantes lo abandonaron allí. Creció sobre el océano y nunca bajó a la tierra. Su personalidad está construida sobre la imaginación, podría decirse, ya que sólo a través del relato de los otros supo lo que sería una ciudad, una calle, un hogar, el mundo. Pero nunca estuvo convencido de que lo que su imaginación construía fuera verdad porque, como dice al comienzo: "En los ojos de la gente uno puede ver lo que ellos verán un día, no lo que han visto".
"Novecento" posee una particularidad, Alessandro Baricco pide que su texto se interprete y también se lea en escena. El autor parece estar convencido de que, en ese doble juego, su relato se engrandece. Y según lo muestra la puesta del director Francisco Javier, eso sucede.
Al compás de la música
Jorge Suárez, el protagonista que cuenta la historia de "Novecento", construye por momentos unos mundos de profunda riqueza. El es el trompetista Tim Tooney, compañero de orquesta de Novecento y su único amigo, tal vez, el que un día sintió la necesidad de conocerlo y a la vez comprenderlo.
El intérprete trabaja siguiendo unos ritmos muy especiales, como si pudiera dar vida a toda esa orquesta de la que ambos formaron parte. Convencido además de que tocaban para hacer bailar a la gente "porque si bailás no te morís, y te sentís Dios". Si el relato se mantiene, "Novecento" existe, y personaje y espectadores quizá tengan la posibilidad también de bailar.
Sólo unos atriles ocupan el espacio escénico. En algún momento ellos serán dispuestos en un orden formal que posibilitará dar lugar a la lectura del texto. Como partituras que siguen los músicos de aquella orquesta, Tim Tooney mostrará la vida del otro y también la suya. En parte se complementan, se potencian, dan forma a una realidad mayor, la de los seres que viven en un barco, tratando de divertir a los pasajeros. Uno ha dejado la tierra para vivir en el océano y el otro prefiere el océano y teme a la tierra.
"Novecento" es un espectáculo creado desde la pura sensibilidad. Engrandece la historia de Alessandro Baricco, impone al autor en Buenos Aires y muestra a un dúo creativo –Francisco Javier/Jorge Suárez– en total plenitud.
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