Humor y tensión con mujeres policías sin retorno
Las vengadoras
Nuestra opinión: muy buena
Autor y director: Bernardo Cappa. Intérpretes: Leilen Araudo, Maia Lancioni, Sabrina Lara, Silvia Villazur. Escenografía y vestuario: Alejandro Mateo. Dirección musical y colaboración en dirección general: Nicolás Espinosa. Sala: El Camarín de las Musas. Funciones: viernes, a las 20.
Cuatro policías femeninas comparten un espacio amenazador. La Orca será ascendida a comisaria; La Tarta, su asistente, la ayuda a organizar el acto de asunción. Invitan a dos compañeras músicas –Suricata y Monja– para que interpreten algunos temas durante una reunión a la que han invitado a colegas y personalidades notables.
Detrás de cada una de ellas hay una historia oscura. Todas parecerían sintetizarse en La Orca, una mujer que ha construido poder a fuerza de valentía pero, además, ha participado de actos corruptos que justifica con naturalidad. Con tanta que no tiene problema en deschavar a compañeros más pesados que ella y sobre todo uno, Benavidez, que se involucró en la muerte de una amiga muy querida.

Las vengadoras resulta una experiencia de dramaturgia endeble, en la que asoman muchos nudos por desarrollar y no se hace. Pero gana en dramaticidad por el trabajo de una dirección que apuntala con intensidad la conducta de los cuatro personajes y los pone a jugar en un ámbito que resulta muy inquietante. Y lo hace, por momentos, generando una fuerte tensión y, en otros, apelando a un humor rico por su naturalidad.
Las intérpretes exponen personalidades muy diferentes. Seres desprotegidos por la vida que encuentran en ese ámbito laboral un lugar que les posibilita exponerse a pleno, aunque algunas lo hagan con miedos y siendo conscientes de que lo suyo debería haberse desarrollado en otra profesión. El mundo policial las expone en sus miserias y temores más extremos. No pueden con ellas mismas pero están dispuestas a matar y ya ni saben si es para hacerse de un botín preciado, para respaldar a una amiga necesitada o para defender la memoria de quien ya no está.
Cuatro atractivas actrices dan forma a un universo que no tiene vuelta atrás. Convencidas, revolver en mano de que podrán salvarse, la realidad les demuestra que sin esa arma no son más que mujeres desesperadas que terminarán vengándose a sí mismas por haber elegido un camino que no les resulta cómodo transitar. Y aquí el drama resulta interesante. No importan tanto los conflictos que se planteen y no se resuelvan sino la inescrupulosa verdad de esos seres que mienten para lograr ser alguien mientras el afuera las reclama para calmar su inseguridad, porque necesitan ser defendidos de la violencia cotidiana o porque, además, quieren verlas como ejemplo. Estas policías no tendrán retorno.
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