Fascinante y profundo relato de la Argentina de 1900

Juan Carlos Fontana
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7 de diciembre de 2018  

Un cuerpo salvaje

Nuestra opinión: muy buena

Libro y dirección: Silvia Gómez Giusto. Elenco: Virginia Kaufmann, Rafael Solano, Silvina Katz, Lucía Villanueva, Matías Broglia, Mauro Álvarez, Laura Grandinetti, Jazmín Falak, Manuel Melgar y Flora Riviére. Vestuario: Jam Monti. Sala: Espacio Callejón. Funciones: viernes, a las 22.

Si en su pieza anterior India, Silvia Gómez Giusto se interrogaba sobre el amor y cuál era el lugar en el mundo que hiciera felices a sus personajes, en Un cuerpo salvaje profundiza aún más en ese desasosiego constante que identifica a hombres y mujeres en puja con la naturaleza, el contexto y su historia.

Ambientada en La Pampa, en 1900, durante un verano intenso, la familia de Belisario –compuesta por Argentina, su mujer, sus hijas, un hijo, un peón y una aborigen– recibe en su casa de campo a una pareja de jóvenes franceses. Estos llegan con la intención de probar una bebida, la absenta, conocida como "el diablo verde" por las supuestas alucinaciones que provoca, y que el dueño de casa intenta comercializar, del mismo modo que falsifica cuadros o propone entregarle a cualquiera de sus hijas al joven gringo.

La absenta es la excusa que utiliza la autora para provocar en estos personajes algo así como una liberación de sus ataduras frente a un destino que los acecha cultural, social y políticamente. Porque en medio de ese aquelarre erótico y sensual, que libera a estas dos o tres generaciones que conforman la pieza, queda claro que, por aquellos años, el hombre decidía sobre la vida de indios, peones y mujeres. "La dirección la marcan los hombres", dice la francesa Helene, mientras una de las hijas, la guacha, hija de madre desconocida, le responde: "Va a haber un día que el baile lo vamos a guiar nosotras". Impronta feminista o no, lo cierto es que la autora, con aguda y marcada ironía, va marcando un territorio en el que equipara el sometimiento de la mujer con el indio, o la cautiva. No es casual que se aluda al cuadro La vuelta al malón, de Ángel Della Valle, o a autores como Esteban Echeverría o Ezequiel Martínez Estrada.

Esta es la tercera pieza que se estrena en el marco del colectivo creativo Teatro Líquido, ideado por Javier Daulte, y como un río que busca encontrar su cauce, Silvia Gómez Giusto intenta abrirse paso en el pensamiento y la emoción del espectador a partir de un texto que expone una lúcida e inteligente visión sobre una Argentina en un constante intento de ser. Bailarina, coreógrafa y actriz, concreta una muy valiosa propuesta escénica, en la que en medio de una escenografía sugerente y cambiante de Alicia Leloutre, dirige a un equipo de excelentes intérpretes que despiertan risas y emociones, y ejercen una extraña fascinación en el público.

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