
Spaghetti western a la Puccini
El cantante Marcelo Lombardero será régisseur de esta obra que marcó un viraje en la carrera del compositor italiano
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En esta temporada, Marcelo Lombardero llevará su “doble vida” artística a la sala grande del Teatro Colón.
Es que, además de volver a demostrar sus dotes como consumado barítono (será el protagonista de “Wozzeck”, de Alban Berg), fue convocado por primera vez para hacerse cargo de la régie de “La fanciulla del West”, que sube a escena mañana.
Lombardero no es nuevo en la régie de ópera: de hecho, viene acumulando experiencia, principalmente como director de escena de varios de los más exitosos espectáculos que presentó el Centro de Experimentación del Teatro Colón (CETC) durante los últimos diez años, además de en salas del país y América latina.
Sí reconoce, en diálogo con LA NACION, que la convocatoria a dirigir esta ópera de Puccini lo sorprendió, ya que su trabajo como régisseur estuvo hasta ahora más ligado a la ópera contemporánea.
–¿Cómo llegó la propuesta?
– Me lo ofreció Renán, luego de una charla que tuvo con Basaldúa (actual director general del Colón) cuando era jefe escenotécnico. Es una obra que no hubiera elegido, pero ahora estoy feliz de hacerla.
–¿Le dijo Renán por qué se le ocurrió convocarlo?
–Le gustó mi humor en la puesta que hice de “Aventuras y nuevas aventuras”, de Ligeti, en el CETC. Al principio no entendía el vínculo entre Ligeti y Puccini. Estoy más cerca del primero que del segundo por historia y por vínculo con la ópera contemporánea. Pero “Fanciulla” es una ópera inaugural del siglo XX.
–¿Qué piensa de la obra?
–Es una ópera que se hace muy poco, no porque sea mala sino porque es dificilísima. Un director, Maurizio Arena, me dijo que es un milagro. Y que el Colón la haga es doblemente un milagro. Demuestra que en este país pasan cosas increíbles, entre ellas el Colón. En ningún teatro de América latina, que recorro bastante, se tiene la capacidad de hacer este tipo de espectáculo, con la mayoría de elementos locales.
–¿Cuál es el enfoque con el que presentará este spaghetti western lírico?
–Puccini era un genio del teatro. Y a mí me pasaron dos cosas: lo primero que hace un régisseur moderno cuando toma una obra es ver dónde está ubicada y dónde la pone. Por ejemplo, “Hamlet en Hawai” (risas). Pero con la “Fanciulla” no podía hacer “La muchacha de Ramos Mejía”. Lo que ocurre es que el imaginario nuestro está muy pegado a “Bonanza“ y “A la hora señalada”. Era imposible descontextualizar la historia, más allá de que no es un western estrictamente, porque tiene esa cosa social más cercana al spaghetti western. Puccini se anticipó a un género. Entonces quise hacer una película, con todo lo que ello implica. Va a ser muy importante la iluminación de Roberto Traferri, porque queremos hacer planos y zoom cinematográficos.
–¿Cómo vive estos últimos ensayos del lado del régisseur en vez del de cantante?
–En este momento no soy cantante, aunque sé que el día del estreno, como pasa siempre, voy a estar sufriendo por no estar en escena (risas). El trabajo ha sido muy bueno, empezamos hace un mes. Contamos con una gran soprano, Olga Romanko, que es una gran profesional, una mujer que tiene trayectoria, pero no es una star. Y pronto lo va a ser, esto es lo que tiene que hacer el Colón, buscar ahí. También contamos con un tenor argentino de emergencia, pero un gran profesional que es Daniel Muñoz, radicado afuera. Todos lamentamos la ausencia de Luis Lima, pero eso es lo que ocurre cuando uno depende de los divos. Seguramente eligió alguna otra cosa que le redituaba más. Estamos todos muy doloridos...
-Usted cantó muchas veces aquí y también fue parte del coro estable. ¿Esto le jugó en favor o en contra ahora que es el director escénico?
-Estuve muy preocupado y nervioso hasta el primer ensayo, con el coro, más de lo que voy a estar que cuando tenga que cantar Wozzeck. Y supongo que para ellos también, porque hay que poner una distancia indefectiblemente cuando dirigís. Y cuando les viste los calzones a los compañeros durante 16 años es una intimidad muy fuerte. Pero se estableció una relación bárbara.
-¿La experiencia como régisseur en el CETC le sirve o es otra escala?
-"La fanciulla..." es una obra gigantesca. Es la primera vez que me veo metido en el meollo de tener que decidir muchas más cosas que la marcación al cantante. Aprendí mucho de ver a dos personas con estéticas en las antípodas: Roberto Oswald y Jaime Kogan.
-¿Cómo vive este momento de tanta actividad en contraste con la realidad del país?
-En esta Argentina contar con un espacio como el Colón es milagroso. Me pregunto, cuando hay gente que no tiene acceso ni a la comida, no ya a la cultura, ¿qué hace y para qué está esta mole? Es una dicotomía, pero esto existe, ¿por qué destruirlo? No va a haber menos gente con hambre, sino menos gente con acceso a la cultura.






