
Strindberg, en su período naturalista
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"El padre" , de August Strindberg. Intérpretes: Javier Acuña, Aldo Agustoni, Sofía Ballvé, Carlos Borchardt, Alejandra Flores y Romina Paula. Escenografía: Magda Banac. Iluminación: Leandra Rodríguez. Dirección: Pablo Ruiz. Duración: 53 minutos. En el Sportivo Teatral, Thames 1426, viernes y sábados, a las 21.
Nuestra opinión: bueno
Dentro de la dramaturgia de Strindberg, "El padre" pertenece al período naturalista (1869-1888) donde, una vez más, presenta una humanidad básicamente cruel en su lucha por la supervivencia. Dentro de este marco, según la visión particular del autor, la mujer adquiere matices perversos y se transforma en la gran manipuladora que provoca el enfrentamiento entre los sexos y la lucha entre caracteres y personalidades. No es necesario señalar la aguda misoginia de este autor sueco que dejó registrada en muchas de sus obras, entre ellas, "El padre".
El conflicto nace a partir de la inseguridad que se gesta en un hombre al ponerse en duda la paternidad de su hija, sobre todo cuando es la propia mujer la instigadora de esta idea. Este planteo Strindberg lo instala dentro de un contexto social correspondiente a las últimas décadas del siglo XIX.
La patria potestad está en manos del padre, que marca el destino de su hija y, por lo tanto, es quien ejerce el poder de decisión. Ante esta irreversible realidad, la madre provocará, en defensa de su hija, un enfrentamiento que la fortalecerá frente a la debilidad del marido que sucumbe mental y físicamente ante la cruel incertidumbre.
Escenografía atractiva
Pablo Ruiz realiza una síntesis de la obra: desbroza toda referencia al entorno social, expone solamente el conflicto acerca de la paternidad y reduce notablemente la duración de la obra. De esta manera, la relación marital queda expuesta en primer plano dentro de un diseño escenográfico atractivo que coloca al público en el lugar de un voyeur indiscreto.
La planta escénica diseña tanto el comedor como el estudio, transformando al ojo del espectador en una cámara que realiza un paneo cinematográfico registrando la sucesión de las acciones.
Como en todas las obras complejas, la dificultad está en la elaboración de estos personajes, seres conflictuados y conflictivos, que exigen un gran entrenamiento actoral.
Si bien el elenco se esfuerza por alcanzar el máximo de eficiencia, se nota la exigencia en la composición y se traduce en una tensión física que provoca cierta rigidez y resta naturalidad y espontaneidad a los personajes.
Un reparo, sin embargo, que no llega a empañar la fuerza del texto más allá de la adaptación.




