Sutil entramado poético

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30 de junio de 2014  

Aquel mar es mi mar / Autora: Verónica Oddó / Intérpretes: Eugenia Palioff y Mario Petrosini / Diseño escenográfico: Carlos Di Pasquo / Iluminación: Omar Possemato / Vestuario: Jorge López / Movimiento: Carolina Pujal / Músico en escena y compositor: Francisco Molinos / Producción musical: Daniela Pérez / Asistente de dirección: Johanna Berman / Dirección general: Sergio Arroyo / Sala: El Ópalo, Junín 380 / Funciones: viernes, a las 23 / Duración: 60 minutos.

Nuestra Opinión: buena

Creado en Buenos Aires en 1994 e interpretado entonces por Verónica Oddó y Juan Carlos Gené, Aquel mar es mi mar es una experiencia de investigación que seguirá, sin duda, flotando en la memoria de muchos espectadores. Una fuerte sensibilidad va hilvanando diferentes textos de Federico García Lorca, en un entramado siempre sutil, rico en teatralidad y fuertemente poético.

Ella y Él, dos figuras ganadas por la pasión, dispuestos a reparar en los múltiples signos amorosos de los materiales lorquianos, con la misión de hacernos descubrir que, entre encuentros y desencuentros, el mundo personal de cada uno se irá moldeando, haciéndose más fuerte y también más sincero.

Las situaciones que propone el texto de Oddó son múltiples, breves y siempre intensas. Con la segura dirección de Sergio Arroyo, Eugenia Palioff y Mario Petrosini van dejándose arrastrar por las palabras y logran construir un mundo muy singular, al que el espectador ingresará de inmediato y con la confianza de que los guías los llevarán a buen puerto. Se destaca sobre todo Palioff, quien devela con mayor profundidad las conductas de esas mujeres tan distintas que le toca construir, apenas con un cambio de gesto, de voz o de vestuario.

Es muy interesante el juego de movimientos que propone Carolina Pujal y que, además, aporta al fortalecimiento de unas situaciones muy ricas y, a la vez, hace que el ritmo general del espectáculo se mantenga sin fisuras.

La música de Francisco Molinos acompaña, muy cerca de la escena, ese proceso dramático. Su propuesta, también, se transforma en un aporte vital, cálido, que se va colando en el interior del espectador para hacerle más provocador el viaje.

La síntesis escenográfica de Carlos Di Pasquo, como la correspondiente al vestuario, creación de Jorge López, son dos puntos muy altos para el espectáculo. En ambos hay calidad expresiva.

Por Carlos Pacheco

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