
Sutiles lazos que unen la realidad con la ficción
La mirada poética del gran Ettore Scola
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Cuando Sophia Loren y Marcello Mastroianni protagonizaron "Un día muy particular" ("Una giornata particolare", 1977) aún no se había puesto de moda hablar de "química" para valorar la calidad del vínculo que dos personas son capaces de establecer entre sí, pero estaba claro (lo muestran algunos de los mejores filmes del cine italiano) que para ellos la alquimia de las emociones no tenía secretos. Sabían combinar complicidad, humor, sensualidad, melancolía, furia y ternura en dosis justas para elevar al público hasta las cumbres de la ensoñación. "Un día muy particular" no sólo registra esa comunión espiritual sino que recrea algunos acontecimientos clave en la historia familiar de Sophia Loren.
La película transcurre durante una sola jornada de mayo de 1938, en un único escenario: el vasto edificio de departamentos que decenas de familias exultantes han dejado vacío para volcarse a las calles de Roma, recorridas ese día por Adolfo Hitler y su comitiva -de visita oficial en Italia- bajo la guía de su anfitrión, Benito Mussolini. Sólo Gabriele (Mastroianni) y Antonietta (Loren) se han quedado en sus casas. Cada uno tiene sus motivos. El, locutor aficionado a la literatura y la música, ha perdido su trabajo en la radio porque su voz no es lo suficientemente "viril y vibrante de orgullo patriótico" para los tiempos que corren; ella, simple ama de casa, esposa de un funcionario del régimen de bajo rango y madre de seis hijos, debe tener la casa en orden y la comida lista para cuando su ruidosa prole vuelva de la ceremonia fascista.
Antonietta -al igual que Romilda Villani y que "tantas mujeres de la época y de aquella generación", para decirlo con Maria Scicolone- siente por el líder fascista una fascinación ciega a cualquier analísis racional. Es, de algún modo, como aquel personaje de la novela "No habrá más penas ni olvido" al que su autor, Osvaldo Soriano, le hace decir ingenuamente "yo siempre fui peronista, nunca me metí en política".
Maria cuenta que su madre, embarazada de nueve meses, se desmayó por la conmoción que le produjo ver a Mussolini en persona, e inmediatamente dio a luz. En la película de Scola, Antonietta le confiesa a Gabriele que bastó que Mussolini la envolviera con una mirada desde la atalaya de su montura para que ella se desplomara en medio de la calle. Más tarde, ese mismo día, supo que estaba embarazada.
El vínculo entre el cine y la vida no se agota allí. En "Un día muy particular" Loren interpreta a la madre de quien en verdad es su sobrina, Alessandra Mussolini. La nieta del Duce, en un breve pero sugestivo papel, encarna a la hija adolescente de Antonietta, comenzando así una errática trayectoria como modelo, actriz y estudiante de medicina, hasta que, decidida a aprovechar las ventajas de ser una Mussolini antes que a padecer las consecuencias, se consagra a la actividad política. Abrazada a las ideas de su abuelo, Alessandra llegó a convertirse en diputada por la derechista Alianza Nacional italiana, partido al que, sin embargo, no dudó en renunciar, hace pocos días, cuando sus líderes repudiaron las leyes raciales instauradas en Italia durante el fascismo.
La narración magistral de Scola nos muestra que Antonietta y Gabriele no estaban completamente solos aquella jornada tan particular para la historia grande de Italia y para la cotidianidad pequeña de un hombre y una mujer comunes. De una ventana a otra, el vuelo de Rosamunda -ave caprichosa que escapa de su jaula sólo para tender un puente entre esas islas mudas que son Antonietta y Gabriele- trazaba, como lo creían los antiguos, la parábola del destino.
Tampoco estuvieron solas Romilda, Sophia y Maria en su viaje de Nápoles a Roma, de la pobreza al esplendor. El fantasma de Mussolini hilaba con esas vidas una trama que habría de quedar inscripta tanto en la realidad como en la ficción.



