"Taxi 2", una comedia graciosa pero sin magia
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"Taxi 2", de Ray Cooney. Adaptación de Federico González del Pino y Fernando Masllorens. Intérpretes: Osvaldo Laport, Miguel Angel Rodríguez, Reina Reech, Laura Oliva, Alberto Fernández de Rosa, Facundo Espinosa y Jimena Barón. Escenografía: Bernardo Losada. Música original: Diego Monk. Diseño de iluminación: Tito Romero. Asistente de dirección: Ana Gómez. Dirección: Luis Agustoni. En el teatro Liceo.
Nuestra opinión: bueno
Una década después de su estreno en la Argentina, "Taxi 2" se repone en Buenos Aires en una versión que le aporta a la pieza original algunas variantes. La historia se ha porteñizado, se desarrolla en barrios característicos de esta ciudad y lógicamente los personajes tienen cualidades locales.
Así la obra pierde el ritmo de la estructura original inglesa y también el humor característico. La comedia adquiere entonces un sabor muy argentino. Y si en un planteo primario en "Taxi 2" no importan las psicologías de los personajes, en esta versión eso ocupa un primer plano.
Es cierto que está concebida a partir de dos exitosas figuras del medio -Laport/Rodríguez- cuya convocatoria es muy popular y sus mundos en la TV no tienen nada que ver con el estricto juego, pero más allá de eso el material de Cooney es muy efectivo -ya se dieron en esta ciudad muestras de ello- y hasta es un buen entrenamiento para cualquier actor nacional.
Aun así, esta historia de dos amigos y sus respectivas familias que aparecen enredadas por las mentiras de uno de ellos -él es bígamo y sus hijos, de distintas mujeres, están por conocerse- tiene momentos muy disfrutables, sobre todo porque en el elenco hay excelentes comediantes, como Miguel Angel Rodríguez y Laura Oliva, y un intérprete con mucho oficio como Alberto Fernández de Rosa (construye un padre admirable). Mientras Reina Reech sabe acomodarse en el estilo de la obra, Osvaldo Laport aparece continuamente muy perdido en la trama. No logra quebrar su propia estructura emocional e introducirse a jugar con ganas. A veces lleva una expresión dramática que no corresponde porque en verdad, si bien es un personaje que ingresa en una situación de conflicto, siempre aceptó armar trampas que ahora le acarrean problemas. La excepción se da cuando se enmascara detrás de distintos disfraces. Ahí se torna sumamente provocador y la platea lo agradece. Los dos jóvenes -Jimena Barón y Facundo Espinosa- están demasiado estereotipados en sus roles de ansiosos adolescentes enamoradizos. Cargan sus cuerpos con todos los tics de esa generación y eso los torna muy poco creíbles.
"Taxi 2" resulta un entretenimiento con poca magia, pero sí con algo de gracia.



