
Texto excesivamente denso y reiterativo
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"J.B.", de Archibald Mac Leish. Intérpretes: Diego Burzoni, Eugenia Capizzano, Sebastián Wasersztrom, Pietro Gian, Montenegro, Rubén Ballester, Paula Herrera, Stanley Nash, Tatiana del Rojo y Agustina Pires. Iluminación: Juan Inclán y Hugo Halbrich. Escenografía: Carol Neumeyer. Dirección: Hugo Halbrich. Duranción: 100 minutos. En el Teatro del Sur.
Nuestra opinión: regular.
"Es cuestión de fe", dice el refrán popular. Y Job cree en Dios y en sus mandamientos, a pesar de todos los escollos que debe superar.
No se trata de una escenificación de "El libro de Job", sino de una pieza original del norteamericano Archibald Mac Leish, basada en el libro bíblico, pero acomodada a los tiempos modernos. Por esta pieza, el autor mereció los premios Pulitzer y Tony.
Para no entrar directamente en la historia y presentar abstracciones, Mac Leish utiliza la ficción para representar la vida de Job. Dos empleados de un circo, vendedores de pochoclo y globos, comienzan a discutir sobre el origen del bien y del mal, de la actitud de Dios frente a la tragedia humana y de la posición que toma el hombre, con respecto a su fe, frente a la adversidad.
Para plantear el tema, estos dos hombres, opuestos en sus creencias, deciden representar la historia de Job, para lo cual recurren al artificio de dos grandes máscaras para representar a Dios y a Satanás. En el medio, el protagonista, Job, con sus firmes creencias religiosas y su familia, que pasa a ser el objetivo de la premisa que se quiere probar: el hombre de fe acepta su destino sin cuestionar las duras pruebas a las que se ve sometido.
Así empieza el desarrollo, con un texto denso por las disquisiciones metafísicas, extenso por las reiteraciones y difícil de interpretar.
El director Hugo Halbrich pone en escena un marco sintético para el desarrollo de las acciones. Todos los elementos están al alcance de la mano, pero no es fácil trabajar un texto tan complicado en sus derivaciones teológicas. Para lograr un buen resultado es necesario conseguir un ritmo muy preciso y contar con un elenco fogueado en textos relevantes. Y éste es el punto débil de la puesta, porque los personajes no demuestran haber sido investigados en una elaboración interna, los actores tratan de dar énfasis al texto y cuidar una marcación externa, pero no resultan convincentes. Entonces, la representación es un largo transitar por un texto simplemente dicho, sin la carga emotiva que revelan las palabras.
Si es cuestión de fe, es probable que el equipo la haya volcado más en la obra que en su propio esfuerzo.
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