
Títeres para contar historias a lo grande
Actualmente hay siete obras en cartel
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Hace años que los títeres dejaron de ser privativos de los espectáculos para chicos, es cierto, pero que en la cartelera teatral porteña se anuncien siete obras de títeres para adultos, que haya un par más en las gateras a punto de estrenar y que un nuevo festival del género esté puliendo los últimos detalles, lo mínimo que hace es llamar la atención.
En el Espacio Ecléctico, el señor Nicodemo cuenta su historia de amor por los astros y por una monociclista de circo; en La Scala de San Telmo dos muñecos se meten en "El retablo del maese Pedro", de Manuel de Falla, para contar pasajes de la vida de Lorca en un espectáculo en donde el acento está puesto en lo musical. En el Teatro del Viejo Palermo, un títere es el callado testigo -dueño de un bar- de las historias de varios perdedores que se animan a buscar otra oportunidad. Otros muñecos, hasta hace pocos días, daban vida a los tangos y las milongas, de la mano de una pionera como Sarah Bianchi, en el Maipo. Y así se podría seguir despuntando historias como las que se cuentan en el Centro Cultural de la Cooperación, en el Celcit, en Templum.
"Es cierto que es un momento de mucho movimiento, quizá se deba a que a fin del año pasado egresó una nueva camada de la Escuela de Títeres del Teatro San Martín. En esa escuela se presta mucha atención a los espectáculos para adultos", explica Carolina Erlich, una de las integrantes del grupo El Bavastel, que por estos días está haciendo "Vida bífida", en el Celcit. Esta pieza cuenta la historia de un hombrecito llamado Ramírez desde que nace hasta sus últimos momentos, quien tiene la mágica oportunidad de revisitar cada etapa de su vida para "ver qué hubiese pasado si hubiera decidido otra cosa de la que decidió".
Si bien hace más de 30 años que los títeres para adultos empezaron a colarse con más contundencia en las propuestas teatrales porteñas - gracias al trabajo de Ariel Bufano y la creación de la escuela y del cuerpo estable del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín-, fue El Periférico de Objetos el que, más acá en el tiempo, se animó a experimentar en profundidad con el títere dentro de un código alejado de toda ingenuidad. Con este estilo, le dio pie a un público ávido por disfrutar propuestas nuevas y meterse en un mundo que no tiene límites.
"Si bien es cierto que no es un fenómeno masivo, lo que se ve es una fuerte tendencia a ir generando expresiones artísticas que concentran los dos lenguajes teatrales: el títere y el actor. Estoy segura de que con el paso de los años se lo va a reconocer como un lenguaje para adultos, sin que le llame la atención a nadie”, dice Adelaida Mangani, directora de la Escuela y del Grupo de Titiriteros del Teatro San Martín.
A la hora de presenciar un espectáculo de títeres para adultos y otro para chicos, más allá de las historias y de la factura (uno y otro llevan un trabajo concienzudo y minucioso, por dar un ejemplo: las chicas de El Bavastel construyeron 17 muñecos de Ramírez para contar su historia), hay, en principio, algunas diferencias en ese público que se ubica ansioso en la platea para que le cuenten una historia.
“Los chicos compran más rápido el código, pero con los adultos es interesante lo que sucede en el nivel de la emoción, porque cuando sienten es fuertísimo. Es un instante mágico en el que decís «ya está, entró»”, cuenta Carolina Erlich sobre lo que puede espiar en las funciones.
La experiencia también le dice a Mangani que los adultos son más desconfiados, que necesitan más tiempo para poder aceptar las convenciones. “Es que el teatro de títeres es la convención teatral llevada a su máxima expresión. El espectador adulto no sólo tiene que creer que ese objeto inanimado está vivo, sino que debe creer que lo que le pasa es verdad. Por eso, cuando entra en el juego, lo que sucede es arrasador. Es ahí cuando no hay diferencia entre tener un espectador adulto o uno niño”, detalla Mangani, quien está por estrenar en una sala pequeña (todavía sin definir) “La mujer de la lámpara”, una versión para adultos del cuento de Hans Christian Andersen, “La niña de los fósforos”.
Cosa de grandes
El grupo El Bavastel, que ya tiene doce años de historia, alterna propuestas para chicos con otras para grandes, pero está claro que la apuesta fuerte en materia de experimentación apunta hacia el público mayor. Ellas (son todas mujeres) son las encargadas de organizar el II Festival de Títeres para Adultos, que se realizará en junio, en el Celcit. “Ya el año pasado tuvo mucho apoyo, tanto que nos sorprendió. Es evidente que se está dejando de lado el prejuicio que relaciona al títere con lo infantil”, sigue Erlich.
Por su parte, Andrés Sahade, integrante del grupo El Nudo –con “El señor Nicodemo” recién estrenado en el Espacio Ecléctico–, asegura que ellos no encaran al espectáculo “como una obra de títeres, sino como una de teatro en la que los títeres aparecen porque no se podría hacer de otra manera.” Ese hacer al que el director de esta puesta se refiere les llevó, en este caso, más de un año de trabajo.
“Con los títeres tenés que ir pensando la obra, escribiendo y probando en forma paralela para saber hasta dónde da el títere o la técnica que imaginaste para cada situación.” Y se entiende lo del año de trabajo al ver esta comedia en la que interactúan actores y títeres desde las más diversas técnicas: títeres de guantes, de varilla, de sombras, con manipulación directa. “La variedad es para nosotros una manera de mantener la atención del público adulto. Es una cuestión de sorpresas”, explica Sahade.
Hasta hace unos días, Sarah Bianchi andaba con sus muñecos en una obra de títeres y tango en el Maipo; ahora está con ganas de encarar tres nuevos proyectos: “Reponer «Un hogar sólido», de la mexicana Elena Garro; hacer algo con pantomimas y filmar una película en la que interactúen actores y títeres para hablar de la intimidad de los titiriteros. Sí, sé que es un proyecto loco”, responde ella a una pregunta propia.
“Lo que pasa es que no hay que dejar caer este buen momento, en el que finalmente el adulto se está convenciendo de que el títere no es necesariamente para chicos; de hecho, es una manera de volver al origen porque el títere nació para contar mitos, ritos religiosos, cosas de grandes. Los títeres eran personajes teatrales y con el correr del tiempo se transformaron sólo en muñecos y, por ende, se los empezó a vincular con los chicos”, explica esta maestra titiritera de 83 años y más de 60 de trabajo.
“Pensar que mi primera obra de títeres para adultos, allá por 1947, duró en cartel menos de una semana y eso fue gracias a nuestros amigos”, concluye Sarah –ahora– risueña.
Para agendar
- El señor Nicodemo. Espacio Ecléctico, Humberto 1° 730 (4307-1966). Sábados, a las 21.30, y domingos, a las 20.30. Entrada: $ 10, con consumición.
- Vida bífida. Celcit, Bolívar 825 (4361-8358). Domingos, a las 20. Entrada: $ 10.
- Panes y peces. Teatro del Viejo Palermo, Cabrera 5567 (4777-4900). Viernes y sábados, a las 20.
- Mariposa. Templum, Ayacucho 318 (4953-1513). Domingos, a las 19.30. Entrada: $ 5.
- Dan tres vueltas y luego se van. C. C. de la Cooperación, Corrientes 1543 (5077-8077). Miércoles, a las 20.30. Entrada: $ 5.
- Poemas a mano alzada. El Colectivo, Bauness 2640 (4521-3531). Sábados, a las 21.30. Entrada: $ 5.
- Los colores de Lorca. La Scala de San Telmo, Pje. Giuffra 371 (4362-1187). Sábados, a las 20. Entrada: $ 20.
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