
Tomaz Pandur: con su potente fantasía construyó un teatro exquisito

La información creó cierta conmoción en el ámbito teatral internacional. A los 53 años falleció ayer de un infarto el director teatral esloveno Tomaz Pandur. Sucedió mientras estaba ensayando El rey Lear, en Macedonia. Pandur fue una de las figuras más destacadas de la escena contemporánea, a quien conocimos en Buenos Aires a finales de la década del 80 cuando presentó en el Teatro Nacional Cervantes Sherezade, una experiencia sumamente inquietante que conmocionó al público local por su espectacularidad.
Pocos años después, este cronista pudo tomar contacto con su versión de La divina comedia, de Dante, en el Festival Internacional de Caracas. La experiencia provocó, también, una enorme conmoción. El trabajo espacial que proponía era muy interesante: un círculo de tres pisos, con espectadores sentados en cada uno observando el espectáculo a través de unas pequeñas mirillas. Y debajo, la escena incluía un lago artificial del que aparecían o escapaban algunos personajes. En aquella ocasión tuve la oportunidad de entrevistarlo y hay una frase que durante mucho tiempo quedó en mi mente. Eran tiempos de la guerra de Yugoslavia y él trató de explicar lo que significaba "crear cuando las bombas caen en el patio de tu casa". Por eso quizá sus proyectos resultaban tan devastadores.
De 1989 a 1996 fue director del Teatro Dramático Nacional de Maribor, Eslovenia. Después de muchos años de trabajar en ese país, comenzó a recorrer Europa presentando nuevas experiencias. Últimamente residió en España en donde repuso La divina comedia.
Volví a encontrarme con su teatro hace pocas semanas, durante la última edición del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá. Estaba presentando una atrevida y muy descarnada versión de Fausto, de Goethe. Altas paredes, personajes escapados de un sueño tormentoso, el piso cubierto de agua con la intención de mitigar tanto descalabro emocional.
"Montar Fausto -escribió- es un buen punto de partida para entenderlo. Es casi profético cuando habla del paraíso, que sólo es visible detrás de las paredes. Hay que luchar para llegar allá." La pieza fue estrenada en el Festival Cervantino de México en 2015 y el creador explicó entonces: "Se trata de un hombre que va más allá de la vida, de las expectativas de su existencia y explora dos universos. Muchas veces nos olvidamos del mundo, cada vez se hace más pequeño y no recordamos cómo volar ni soñar, como hace Fausto."
El teatro ha perdido a un enorme realizador que no dejaba en sus puestas nada librado al azar. Y donde su fantasía se desarrollaba de manera extrema.
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