
Topa y Muni
Aunque hagan playback, reafirman el vínculo quemantienen en la pantalla chica
1 minuto de lectura'
Libro y dirección: Ariel del Mastro. Elenco : Diego Topa, Muni Seligmann, Camilo Callado Grasso, Gonzalo Gerber, Nina Iraolagoitia, Belen Mendoça, Hugo Rodríguez, Daiana Traversa. Música : Andrés Cáceres, Ernesto Algranati, Mauro Conde. Coreografía : Gustavo Carrizo. Escenografía : Jorge Ferrari. Vestuario: Alejandra Robotti Sala: Metropolitan 2 . Duración : 80 minutos. Funciones : Sábados y domingos, a las 15.30 y a las 17.30.
Nuestra opiníon: bueno
Los animadores de Disney Junior suben a escena para pasar una jornada de juego pleno. El entorno recrea el que les es habitual en la pantalla chica: informal, distendido. Los 16 temas musicales que hilvanan el show se suceden con el dinamismo que le ponen Topa y Muni a su presencia sobre el escenario, con coreografías prolijamente ensayadas que agregan vitalidad a la actuación en vivo, en particular con el "Boogie de la cocina".
Igualmente prolijo es el playback sobre la cinta grabada, que ocupa más de la mitad del espectáculo, pero en este aspecto pierden Topa y Muni la oportunidad de otorgarle un valor agregado a su paso de la televisión al teatro: el sonido grabado se escucha con la perfección plana de la pantalla, en lugar de reflejar los matices sutiles, incluidas las pequeñas imperfecciones, que implica cantar en movimiento sobre escena.
Las breves escenas entre las canciones son, simplemente, puentes dialogados para dar pie a la letra del siguiente tema musical. Pero recrean con frescura la interacción de Topa y Muni en la pantalla chica, ahora sí, permitiéndose pequeños fallos: un toque ruidoso al micrófono inalámbrico de Muni, algún suspiro de cansancio de Topa ante el ritmo que le imponen las coreografías, detalles que los acercan de alguna manera a los chicos, que exponen con simpatía la humanidad de sus ídolos. También una incursión a los pasillos entre las butacas y el contacto generoso con las manitos extendidas satisface las ansias de haber compartido un momento con ellos.
No faltan los elementos didácticos, como enseñar las estaciones del año, los cinco sentidos, las vocales o los colores en inglés, previendo algún viaje a la patria del viejo Walt. El esquema es el mismo que todos los pequeños espectadores conocen de la señal televisiva, aunque, claro, sin los interludios de dibujos animados, el show en vivo se ve obligado a sostenerse exclusivamente por esa alternancia de diálogos y canciones. A veces se aceleran un poco más de la cuenta, en el afán de no perder el contacto con la atención del público.
Pero, en conjunto, el producto es fiel a sí mismo. Topa y Muni no pierden por salirse del estudio televisivo; destilan la simpatía que les permitió constituirse en marca de identidad de la señal de Disney destinada a los más chicos. El show teatral no es y no pretende ser más ni menos que eso: un encuentro más cercano que reafirme el vínculo que mantienen cotidianamente conductores y espectadores a través de la pantalla.






