"Tosca", con aciertos y desaciertos

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20 de mayo de 2003  

Opera "Tosca", de Giacomo Puccini, con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, basado en el drama homónimo de Victorien Sardou. Elenco: Olga Romanko (Floria Tosca), Daniel Muñoz (Mario Cavaradossi), Luis Gaeta (Barón Scarpia), Carlos Esquivel (Cesar Angelotti), Juan Barrile (Sacristán), Gabriel Renaud (Spoletta), Christian Peregrino (Sciarrone), Omar Brandán (Carcelero) y Julián Parada (un pastor). Régie, escenografía e iluminación: Roberto Oswald. Vestuarios: Aníbal Lápiz. Director de coro: Alberto Balzanelli. Director del coro de niños: Waldo Sciammarella. Colaborador de la puesta escénica: Christian Prego. Orquesta y coro estables del Teatro Colón. Dirección musical: Mario Perusso. Teatro Colón.

Nuestra opinión: bueno

Una vez más, Giacomo Puccini ratificó la alta consideración que merece su formidable capacidad de dramaturgo musical en el contexto de la tradición lírica italiana. Esa valoración, lograda durante el clímax artístico del momento histórico que le tocó vivir, lo distingue como creador original y exclusivo.

Si se fijara como parámetro para la estimación de un músico dedicado al teatro cantado la prueba de la identificación del público con los personajes de su teatro, el creador de Luca logró como pocos ese objetivo artístico, y "Tosca" es, desde este punto de vista, un ejemplo contundente en buena medida por la eficaz influencia de la música siempre descriptiva de la acción dramática. Entre sus condiciones de hombre de teatro debe incluirse la cualidad que los franceses denominaron l´optique du the‰tre : poseer el sentido muy particular del efecto puramente visual de la escena facilitando al espectador una evidencia de la situación, esto es, entender cada nueva circunstancia más allá de la comprensión del texto.

De ahí que la puesta escénica de "Tosca" -y, en realidad, la de todas las obras de Puccini- requiere un puestista que comprenda esa peculiaridad del compositor, y en este sentido, el trabajo de Roberto Oswald y su equipo volvió a lucir sus virtudes para aplicar con fidelidad esas premisas, como no podría ser de otro modo tratándose de un artista experimentado que suma además su constante preocupación en plasmar una imagen de refinada estética.

Visión

Fue precisamente la presentación teatral uno de los aspectos de mayor calidad de la versión ofrecida a partir del ya conocido y magnífico boceto de la escenografía, del logro de una atmósfera sugerente de la ambientación y el bien delineado clima aportado por la iluminación, que, asimismo, contribuyó a mostrar de la mejor manera el muy buen diseño y colorido del vestuario creado por Aníbal Lápiz.

El otro aspecto positivo estuvo en la batuta de Mario Perusso, al lograr con una sólo discreta colaboración de la Orquesta Estable la sonoridad envolvente y subyugante de la rica orquestación de Puccini, cantando la línea melódica en buen estilo a la italiana, pero dejando apreciar las pinceladas que denotan al autor que en 1900, año del estreno de "Tosca", conocía a fondo los lenguajes contrastantes entre exuberantes o transparentes de creadores como Richard Wagner y Claude Debussy.

Acaso la excelente preparación del coro a cargo de Alberto Balzanelli, así como el buen desempeño del coro de niños preparado por Valdo Sciammarella apuntalaron el correcto nivel musical interpretativo de la versión, que tuvo en la gran escena del Te Deum, del primer acto, un muy logrado efecto de empaste, equilibrio y grandeza.

Las cosas no funcionaron a la altura de la tradición artística del Colón en lo referente al cuadro de cantantes, donde sólo la soprano Olga Romanko, que se conoció en una buena presentación en la pasada versión de "La fanciulla del West", también de Puccini, aportó momentos bien alcanzados en el fraseo y el decir, destacado en la célebre imploración "Visi d´arte..." del segundo acto, en una realización más que correcta, recibida con un cálido aplauso del público.

Sin embargo, la condición vocal de la cantante de origen ruso acusó en la zona central y grave del registro un sonido con modificación del color que tiende a ser algo oscuro, afectando su articulación y claridad en la expresión. Por fortuna, su mérito residió en su segura musicalidad y en una actuación escénica convincente y sobria.

Para el tenor argentino Daniel Muñoz, a esta altura de su carrera, y en una sala cuya condición acústica no perdona, resultó ser Mario Cavaradossi un compromiso vocal y escénico excesivo, razón por la cual no parece prudente haberle asignado la responsabilidad de todas las funciones programadas. Desde luego que en él, más allá de su canto, hubo sinceridad, entrega e indudable conocimiento de la parte, aspectos positivos que le permitieron sobrellevar con hidalguía su actuación.

El barítono Luis Gaeta cumplió con la premisa de casi todos los artistas de su cuerda, al querer coronar su carrera con una creación del más vil de los personajes de la ópera, el barón Vitelio Scarpia, gobernador de Roma y jefe de una policía torturadora y corrupta. Pero resulta que no todas las condiciones vocales y los modales personales son aptos para la empresa, y aquí el consagrado cantante argentino no logró que nadie lo odiara, ni siquiera la mismísima cantante Floria Tosca, que bien pudo haberlo matado delante de la Madonna en la Iglesia, antes del Te Deum de la mañana.

Una luz roja

Pero un tema algo preocupante de esta exhumación de "Tosca", que de todos modos no incide mayormente en el resultado de la versión, cuyo peso está en los protagonistas, surge de la vacilante intervención, si es que realmente la hubo, de la dirección de estudios del teatro, al efectuar la asignación de los personajes de flanco, donde con mucha evidencia no se tuvieron en cuenta las características vocales y la forma de expresar la palabra que reclaman Angelotti, Spoletta y el sacristán, personalidades que contaron hasta no hace mucho con una serie de brillantes creadores.

Acertadas fueron las intervenciones de Christian Peregrino como Sciarrone, de Omar Brandan como el carcelero y del niño Julián Parada, la voz del pastor desde el interno.

Y este tema no es menor, porque no se vincula con la escasez de recursos ni con la necesidad de hacer una temporada de emergencia económica. Por el contrario, se vincula con la necesidad de dar cabida a los mejores y más aptos elementos locales en los personajes episódicos y con la inclaudicable obligación que debe sobrellevar el sector artístico musical evitando el deterioro del "producto ópera" en ese escenario en el que debería continuar siendo considerado el pilar básico de su programación y razón de ser de su funcionamiento.

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