
Tres hermanos en busca de una madre
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El perfume de la siesta . Dramaturgia y dirección: Gaby Moyano. Con Ana Barletta, Julián Bloch, Leonel Elizondo y Melina Benítez. Escenografía: Félix Padrón. Iluminación: Eduardo Pérez Winter. Diseño de sonido: Carla Balboa. Música: Gaby Moyano. Asistencia de dirección: Fernando De Rosa. Mantis Club, Pringles 753 (6323-6323). Viernes, a las 23. Entrada: $ 12. Duración: 70 minutos.
Nuestra opinión: muy bueno
Las vidas de Celina, Martín y Tito parecen haber quedado suspendidas desde la partida -y posterior desaparición- de su madre, una cantante rumbera que buscaba otro destino al de criar niños en un ignoto pueblo costero. Sus sueños de gran artista la alejaron de su familia y la arrojaron a los brazos de un rufián con el que desapareció en un naufragio.
Pasaron veinte años desde la última noticia que tuvieron de ella, hasta que un día Martín llega desencajado a la casa familiar -que ha quedado en las manos de Tito- porque acaba de ver llegar al hotel en el que trabaja a una mujer idéntica a su madre, rumbera también ella. El parecido lo ha desestabilizado: podría ser la suya, salvo por el detalle de que es la viva imagen de la mujer cuando desapareció, como si el tiempo no hubiese transcurrido. Aunque es imposible que sea, los tres hermanos no pueden más que creerlo cuando la ven actuar y cantar, lo que los lleva a tratar de recuperar, a la fuerza, eso que perdieron.
Queribles y violentos
La añoranza transforma, de alguna manera, a estos tres hermanos adultos de nuevo en niños que quieren creer lo que necesitan, pero ya no lo son, y la desesperación los vuelve violentos, torpes, aparatosos. Características que, sumadas a la desolación, también los presenta tiernos, sumamente queribles. Y aquí radica uno de los mayores logros de esta pieza, que escribió y dirigió Gaby Moyano: en la elaboración preciosista de sus personajes que son compuestos con absoluta convicción por los tres muy buenos actores que son Melina Benítez, Julián Bloch y Leonel Elizondo, quienes dan fuerza, consistencia e identidad a cada una de sus criaturas. Entre los tres logran gran compenetración en un tipo de comunicación en la que no sobra ni falta nada. Con absoluta economía de recursos logran transmitir las sutilezas de esos vínculos que cruzan todos los límites, para volver a su carril con total naturalidad. Así y todo, Moyano los lleva por ciertos lugares que bordean el absurdo, pero al que no adoptan en su totalidad. Ese límite fino por el que transcurren le da un color muy atractivo a la narración.
El espacio que ideó Félix Padrón en el pequeño Club Mantis está muy bien aprovechado, ya que en las mínimas dimensiones logra recrear una vivienda con distintos ambientes que tienen una importante función dramática. La música también juega un rol fundamental en este sentido -con la ayuda de la personal voz de Ana Barletta-, a tal punto que hasta se llega a percibir como un cuarto personaje.




