Turistas y exiliades, biodrama en el que conviven el pogo con lo político y un dolor de panza
Solo en el escenario, Mariano Rapetti despliega un intenso trabajo vinculado a hechos de su propia historia de vida en medio de una performance que presenta como de “agitación política”
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★★★ Texto, dirección y actuación: Mariano Rapetti. Movimiento: Juan Pablo Sierra. Espacio: Julieta Potenze. Luces: Fernando Berreta. Realización de pistas: Franco Calluso y Rosalba Menna. Video: Juan José Galvez. Diseño gráfico: Leandro Ibarra. Sala: Beckett Teatro. Funciones: viernes, a las 20. Duración: 60 minutos.
Mariano Rapetti dice en la obra que no le gustan los biodramas, aunque Turistas y exiliades, su creación, tiene mucho de esa fórmula de teatro documental o testimonial, como se quiera, no es el punto. El tránsito de esta perfomance tuvo varias derivas. En ese andar, vino el “detalle” de la pandemia, la reescritura del material hasta llegar a sus funciones actuales. El tránsito de Turistas y exiliades también tiene diversas capas durante las cuales el dramaturgo, director y performer demuestra un gran dominio de la escena (sea narrando, cantando o bailando desnudo arriba de unos tacones que dan vértigo).
Mariano recorre la vida de sus padres exiliados políticos, el recuerdo de cuando le contó a su padre militar y militante que era gay como el relato de su madre cuando volvió a Buenos Aires con él en la panza todavía y con el miedo atravesándola. Será por eso, según confiesa, a él los aeropuertos como las despedidas le siguen dando dolor de panza. Cada vez que saca fotos, audios, una prenda de una poli punk o un video casero de sus propio archivo el tono del montaje respira y transpira una emotividad de una sólida intensidad poética. Todos esos relatos conviven con una escena expansiva de un pogo que soñó como una mega producción aunque él esté solo en medio de un espacio en constante transformación.
Durante ese andar, la propuesta a veces adopta los modos de la agitación militante con menciones sobre la política más dura, la gestión cultural como su mirada sobre legitimación de la escena alternativa (“odio a los chongos del teatro”, dice uno de los programas de mano o deliberado panfleto). En esa capa, apela a veces a hechos un tanto ya lejanos o que remiten a situaciones muy del nicho de lo teatral. Tómalo déjalo, no importa. Lo cierto es que la perfo revela a un notable artista que decide agitar las aguas para calmar su dolor de panza en el encuentro con el otro.
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