Un bello mundo de títeres y arcilla

Mónica Berman
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27 de noviembre de 2013  

El circo de los mendicantes / Texto, dirección, realización de muñecos e interpretación: Fernando Ávila/ Escenografía: Fabrizio y F. ávila/ Producción: Janos Alfaro y Lucía Arias/

MODELANDO HAMLET/ Texto: w. shakespeare/ Adaptación y dirección: Thiago Luz Raft/ Intérprete: Alejandro Schiappasse/ Sala: Teatro del Abasto/ Duración: 60 minutos.

Nuestra opinión: excelente

El Teatro del Abasto programó un díptico de teatro de títeres y objetos con la curaduría de Ana Alvarado. La primera obra del programa es El circo de los mendicantes . Su maestro de ceremonias hace sus presentaciones en silla de ruedas, pone su impronta irónica y cínica; y expone a la miseria como parte de la "diversión". Allí está todo junto, envuelto, protegido a medias, como se puede, de las miradas ajenas, tapado inútilmente de la lluvia o del sol. Es la impronta nómade de muchos titiriteros: pocos envoltorios y un volumen reducido para luego expandir el universo en una ficción que detona hasta construir un mundo fabuloso e inmenso. El circo propone algo para ser exhibido, pero no habrá habilidades ni brillos, sino aquello que de tanto esconderlo en los rincones se ha vuelto invisible. Desfilarán personajes diversos: un loco, un ciego, una mujer que incluye el pedido de una moneda como una letanía, un hincha de fútbol... Todos seres rotos y remendados. El trabajo de realización titiritera hace coincidir materialidad y "personaje títere", construido de manera notable. El manipulador se asimila a sus objetos manipulados, en su vestuario, sus gestos, su trabajo vocal, los acompaña y los esquiva, en simultáneo. Como en una varieté, se inscribirán fragmentos de historias que alcanzan para delinear con una claridad apabullante a una serie de desharrapados de la vida que aparecen de los modos más variados. Todo en el marco de una belleza inefable.

Modelando Hamlet propone una original manera de contar una historia archiconocida de un modo absolutamente inesperado. Lo de modelar es literal, puesto que trabajan con arcilla los personajes del fantasma, de Gertrudis y Polonio. Con un Hamlet alfarero, todo el universo de Shakespeare se resignifica de un modo increíble. Un taller es el escenario, el fantasma de arcilla en un altar rodeado de velas está tapado con el doble objeto de ser ocultado y permanecer húmedo. Hay que imaginar a un alfarero modelando a Polonio y verlo destrozado, después, en masa informe, aplastado sobre la mesa de modelar. La elección del material, que oscila entre lo que se afirma y se ablanda, permitirá actos impensables en otras propuestas, los dedos hincados de Hamlet en la cintura de su madre, que dejarán un agujero profundo e irreparable. Dos propuestas simplemente imperdibles. Las palabras no alcanzan para describirlas.

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