
Un cabaret ambiguo y cruel
" Trip telúrico ". De Leandro Rosati y Teresa López. Dirección y puesta en escena: Leandro Rosati. Elenco: Dalila, Pamela Rementería, Leandro Rosati y Teresa López. Asistencia actoral: Damián Calvo. Música original y efectos: Juan Rivero. Luces: César Domínguez. Producción: Los Cometabrás. En Medio Mundo Varieté, Hipólito Yrigoyen 2148. Duración: 60 minutos.
El lugar es hospitalario. Medio Mundo Varieté no es una sala convencional. Cuando el espectador llegue, se encontrará con una casa particular. Allí alguien le abrirá la puerta y habrá que subir dos pisos por la escalera para llegar al estudio-teatro donde desarrollan su talento creativo los actores del grupo Dalila y Los Cometabrás. Adentro es como estar atendido por sus propios dueños: café y masitas para la espera, en una sala confortable.
La compañía viene bregando por la reivindicación del varieté y por la búsqueda de nuevos lenguajes dentro del teatro musical desde la década del 80. Esta vez se le animaron a una obra de teatro argumental. Claro que no se trata de una estructura dramática convencional. "Trip telúrico" está integrada por escenas fragmentadas que se apoyan en lo visual, lo sonoro, en la sugerencia y en la metáfora.
La acción gira en torno de las intenciones de un funcionario honesto de investigar una gran empresa. Leandro Rosati y Teresa López trabajaron el asunto por dos caminos básicos que se ramifican durante todo su recorrido a través de alegorías y simbologías. Algunos cuadros son como una sinfonía de la locura y la crueldad. El texto juguetea con el inconsciente y dota a la acción de elementos oníricos. Por momentos, el bombardeo de imágenes y lenguajes es tal que se torna algo confuso y ambicioso. Pero el resultado es conspicuo.
La pieza comienza con un color de cabaret sórdido y apocalíptico, bajo el son de la pegadiza marchita de "El libro de la selva" y personajes que se doblan, se convierten y evanecen para resurgir como cuadros o imágenes que claman a gritos o ríen con carcajadas que podrían ser mortíferas.
La ambigüedad y la crueldad transcurren en un tiempo irregular: lento en algunos instantes y vertiginoso en otros. Es una interesante experiencia teatral, que pone en el tapete la domesticación a la que la sociedad responde en masa, al igual que aquellos reflejos que la sumen ante el látigo de quienes sostienen un poder cuestionable y cuestionado.
Buenos trabajos
El grupo de Dalila y Los Cometabrás está conformado por actores sólidos y otros más jóvenes, pero con la misma sed de aprendizaje y búsqueda de los cabeza de compañía: Leandro Rosati y Dalila.
La actriz domina a la perfección el arte del clown y del varieté. Hace que su criatura sea repulsiva y maneja muy bien el sentimiento de temor en el espectador. Del mismo modo, Rosati y sus compañeros realizan trabajos impecables. El elenco se apoya en el trabajo físico y gestual, así como en su ductilidad para el género musical.
Precisamente, la banda sonora utilizada por Juan Rivero es indispensable para la creación de climas y se integra perfectamente a la dramaturgia y la acción. Del mismo modo, la puesta de luces es impecable, así como la utilización de un monitor con imágenes de lo que, supuestamente, ocurre en las escaleras del edificio, un detalle que le otorga un aspecto más sombrío a la puesta.







