Un divertido juego de títeres
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"Pototo, Floresto... y la mar en coche". Por Los Títeres de Don Floresto. Libro de Belén Wedeltoft. Títeres y utilería: Lelia Bamondi. Escenografía: Patricio Viarnés. Diseño de los títeres: Fernando Brancacio. Intérpretes: María del Carmen Hernández, Mario Carpi y Miguel Fontana, también a cargo de la dirección. En el auditorio de la Asociación Italiana de Belgrano, Moldes 2157, los sábados y domingos a las 16:30. Entrada: $5.
Nuestra opinión: bueno
El autito Pototo es un personaje antológico de esta compañía de títeres. Don Floresto ha tenido varias aventuras y en ellas el autito cumple siempre la función de travieso, juguetón, curioso, amante de las sorpresas, complicándole la vida a Floresto, pusilánime, temeroso, pero de gran corazón.
En esta puesta ha variado la escenografía, y algunos episodios reemplazan a otros con nuevos personajes, pero la historia es la misma: en un viaje de vacaciones suceden contratiempos y sorpresas que se concretan en una aventura, nuevos amigos y diversión.
A Don Floresto le cuesta salir de casa, y cualquier inconveniente es bueno como pretexto para regresar, pero Pototo no piensa igual y con su bocina se lo hace saber.
En este complicado viaje ambos se encuentran con personajes divertidos que colaboran con el desarrollo de la historia. Una lechuza muy amable y solidaria, un conejo chiflado pero diestro y cumplidor, una familia de ratones, un gato fumigador. Cuando finalmente se instalan en la playa, Don Floresto descubre que ha pasado el tiempo y debe regresar, pero el enojo de Pototo lo obliga a salir a buscarlo y encontrarlo, finalmente, con la ayuda del conejo.
Los muñecos son simpáticos, coloridos y están acompañados de una nutrida utilería que divierte y fascina a los chicos. Tanto el auto como el globo, pasando por las valijas, el monopatín, las herramientas del conejo, los utensilios en la casa, todo conforma un mundo de juguete en miniatura. Los niños más pequeños especialmente, se dejan atrapar por la historia y ríen divertidos con los simples e ingenuos gags que provocan corridas y equívocos. Sólo en algunos momentos, las discusiones o argumentaciones para explicar la situación se extienden y la platea se pierde pero la atención regresa apenas se recupera el ritmo.
Hay momentos en que se notan algunas imprecisiones en la manipulación y es fácil pensar que una intensificación de este aspecto podría llevar a los intérpretes a explotar mejor el enorme atractivo de los títeres.
Es un espectáculo para pasar un buen rato con los niños, especialmente los más chicos para quienes la oferta de la cartelera es, por ahora, limitada.
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