
Un muestrario del amor y las parejas
" Te quiero, sos perfecto, cambiá " ("I Love You, You´re Perfect, Now Change"). Libro y letra: Joe Di Pietro. Música: Jimmy Roberts. Traducción del libro y las canciones: Ana Ullibarri y Roser Batalla. Elenco: Karina K, Natalia Lobo, Marcelo Trepat y Rodolfo Valss. Reemplazos: Gimena Argomaniz y Emanuel González. Músicos: Pablo Fromer, Mariana Aulicino y Valeria Matsuda. Vestuario: Mónica Mendoza. Luces: Sandro Pujía. Escenografía: Valeria Ambrosio. Dirección musical y preparación vocal: Marcelo Macri. Asistente de dirección: Vanina Vukovic. Producción ejecutiva: Adrián Andrada. Dirección general: Ricky Pashkus. Teatro Maipo. Duración: 100 minutos.
Desde hace nueve años, el off Broadway pone en escena una modesta pieza que resultó un éxito y no deja de reestrenarse en distintos puntos del planeta. La puesta en escena argentina explica el porqué: es maravillosa.
"Te quiero, sos perfecto, cambiá" demuestra que las tan mentadas "fórmulas obligadas" para hacer un musical no son infalibles. La obra no tiene una canción "gancho", no tiene obertura, no cuenta con una gran escenografía, ni una multitud de artistas en escena. Su estructura está armada con cuadros hilvanados sin continuidad dramática, pero englobados en un mismo concepto: el amor entre las parejas heterosexuales. En algunos casos, ni siquiera tienen resolución, pero no importa porque sus fragmentos tienen una correlación y un concepto común que produce la continuidad.
El libro de Joe DiPietro es inteligente, simpático y lleno de guiños humorísticos entroncados en la realidad de las parejas y las relaciones hombre-mujer del período "entre siglos". El espectador se siente identificado en cada instante o reconoce situaciones, casos, cosas y personajes. Por el espectáculo desfilan matrimonios melosos, primeras citas, padres despechados, soledades, padres primerizos y viejos que aún creen en el amor.
Ricky Pashkus hizo con esta obra la mejor puesta en escena de su carrera. Se las arregló con muy poco y reordenó escénicamente a los cuatro intérpretes y a los dos músicos en un escenario dividido en diferentes niveles, por gradas y algunos elementos, resueltos por la creativa Valeria Ambrosio.
A su vez, dirigió con mano maestra a los cuatro intérpretes. Esta no es una obra para cualquier artista de musical. Requiere de chispa y de reflejos interpretativos sólidos para poder meterse en el cuerpo de esta veintena de personajes desopilantes. Pashkus sacó lo mejor de los cuatro, les quitó presiones y los puso en un lugar en el que no se los acostumbra a ver. Uno se encuentra con actores dúctiles, sólidos y cómodos tanto en la actuación, como en el canto y la coreografía. El director se apoyó en la naturalidad para llegar a la composición.
Rodolfo Valss hace aquí también el mejor trabajo de su amplia y sólida carrera. Siempre se lo elogió, sobre todo, por sus cualidades vocales. Aquí demuestra que, bien dirigido, puede llegar a ser un muy buen actor. Entretanto, Marcelo Trepat también se consolida como uno de los exponentes jóvenes mejor adaptados al género. Camina cómodo por la comedia y el gag y su ductilidad para el género hacen recordar al gran Dick Van Dyke. El cuadro "Sexo y matrimonio", que comparte con Natalia Lobo, los hace lucirse y se ganan aplausos espontáneos. La puesta en escena de ese fragmento es también un gran hallazgo. Por su parte, Natalia Lobo vuelve a demostrar que la comedia musical es una senda que transita con comodidad. En "The Rocky Horror Show" se había mostrado como una comediante de primera línea, poseedora de una voz limpia y dulce. Aquí vuelve a poner en juego su talento, y gana.
Pero un párrafo aparte merece Karina K. Tuvo experiencia en otras comedias musicales de los años 80 como coreuta y como Lucy, en "Drácula", pero ninguno de esos trabajos la retendrá en la memoria del espectador como su participación en este musical. Tiene un histrionismo y una versatilidad poco habitual. Se transforma con facilidad y transita distintos niveles de interpretación con la seguridad de una actriz de talento innato. Los cuatro muestran una interesante conexión.
Buena música
La partitura que compuso Jimmy Roberts ilustra perfectamente cada cuadro y está ingeniosamente compuesta en diferentes ritmos y melodías que pasan de la balada al tango o al coral. DiPietro captó la esencia del género y puso el acento musical en los pensamientos de los personajes, en exteriorizaciones realizadas en canciones, donde el blues es la melodía más adecuada.
Pashkus ubicó al pianista y a la violinista en un sector del escenario y tienen participación activa en la acción. Es interesante este quiebre que provoca un distanciamiento acorde con la estructura de la pieza. La interpretación musical es muy buena.
Por su parte, la adaptación (también de Pashkus) es impecable. Por fin alguien que conoce bien el idioma de los argentinos y no llena los libretos de términos neutros y arcaismos. Los cuadros "Juan llama", "Curados de espanto en el altar" y "Hombres que hablan y mujeres que hacen que escuchan" están perfectamente adaptados al léxico común.
La puesta de luces es correcta, con el acento puesto en colores plenos en el fondo.







